La psicomotricidad.

En los primeros años de vida, hasta los siete años aproximadamente, la educación psicomotriz (fina y gruesa) del niño adquiere notable importancia. En estas primeras etapas, el conocimiento y el aprendizaje, se centran en la acción del niño sobre el medio, los demás y las experiencias, a través de sus acciones y movimientos.

La psicomotricidad es una disciplina que, como su nombre indica, se ocupa por un lado del aspecto motriz y por otro, del psiquismo. Es decir, incluye el desarrollo global del niño (movimiento, emoción y cognición).

Los ejercicios de psicomotricidad se llevan a cabo, en general, mediante una serie de juegos o dinámicas, más o menos dirigidos por el adulto. Estas actividades ayudan al niño a potenciar su desarrollo motor (voltear, arrastre, gatear, equilibrio, rodar, saltar, trepar, coordinación…), a su desarrollo emocional (tristeza, alegría, enfado, ira…) y, por lo tanto, a su desarrollo cognitivo (grande-pequeño, dentro-fuera, alto-bajo, los números y las nociones de cantidad, ancho-estrecho, rápido-despacio formas geométricas…).

Los beneficios de la psicomotricidad en los niños y bebés

– Conciencia del propio cuerpo parado o en movimiento.

– Dominio del equilibrio.

– Control de las diversas coordinaciones motoras.

– Control de la respiración.

– Orientación del espacio corporal.

– Adaptación al mundo exterior.

– Mejora de la creatividad y la expresión de una forma general.

– Desarrollo del ritmo.

– Mejora de la memoria.

– Dominio de los planos: horizontal y vertical.

– Nociones de intensidad, tamaño y situación.

– Discriminación de colores, formas y tamaños.

– Nociones de situación y orientación.

– Organización del espacio y del tiempo.

En esta ocasión en la clínica hemos optado por trabajar la psicomotricidad mediante el tradicional Twister. Con esta actividad se trabaja el equilibrio estático, las nociones de izquierda y derecha, el conocimiento de las partes del cuerpo, el reconocimiento de colores… Por otro lado también es útil para trabajar valores como la sana competencia, aprender a perder y ganar o el trabajo en equipo si se hiciera por grupos en vez de manera individual.

Además, en esta misma sesión hemos trabajado la atención selectiva y la creatividad mediante fichas que consistían en emparejar una serie de figuras y colorearlas del mismo color.

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