Acoso Escolar.

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Esta mañana nos despertábamos con una noticia horrible y terrible.

Una niña, de 13 años, Lucía, fue hallada ahorcada en su casa. ¿El motivo? El acoso escolar que llevaba sufriendo años.

Tenéis la noticia en el siguiente  enlace.

En consulta nos encontramos con muchos casos de acoso y hemos observado que, en la mayoría de las ocasiones, los padres y el centro eran totalmente ajenos a la situación.

Hoy nos gustaría ofreceros unos indicativos de la existencia de acoso, ya que cuanto antes se identifique la situación, menos secuelas tendrá la víctima y más sencillo será acabar con esa violencia. Pero antes, vamos a diferenciar el bullying de los conflictos escolares.

El rasgo diferenciador es, claramente, la reiteración. El acoso es una situación que se mantiene en el tiempo que se manifiesta de diferentes formas y, por esto, llega a generar en la víctima un potente sentimiento de inferioridad e indefensión.

Un insulto, una burla, una pelea aislada no son tolerables, hay que actuar, pero no son acoso.

Hay situaciones muy graves que tampoco debemos considerar acoso. Son las que se refieren a actos delictivos como las agresiones sexuales, el uso de armas, las amenazas de muerte o aquellas agresiones que ponen en riesgo la integridad de la víctima o su vida. En esos casos ya no hablaríamos de acoso, son delitos y, además de hablar con el centro escolar, hay que denunciar.

Además de los padres, los profesores juegan un papel muy importante a la hora de detectar un posible caso de acoso, simplemente estando atentos a algunos signos. Las peores formas de acoso escolar van a suceder cuando el profesor no está presente directamente: en los baños, los patios, los pasillos, vestuarios, salidas de clase y en el comedor.

También observando a los niños fuera de aula y su dinámica de grupo, los niños que queden aislados, las pintadas en el baño, los cambios de comportamiento o rendimiento escolar, los rumores que lleguen a sus oídos, la forma en que se tratan, todo puede dar señales.

Que en clase se burlen de él habitualmente o se rían cuando interviene, que deje de participar activamente o que se quede sin compañeros en las actividades de grupo puede también indicar que está siendo víctima de acoso escolar.

Un niño que manifiesta tristeza, miedos o dolores inexplicables, que falte a las actividades o que se descubra que nunca es invitado a fiestas o salidas podría estar sufriendo un problema de violencia escolar.

La situación de acoso suele comenzar con agresiones (collejas, zancadillas, empujones…) e intimidaciones en las que la víctima no puede ofrecer una respuesta adecuada y esto hace que los agresores aumenten la intensidad del acoso. Puede iniciarse con insultos, motes dañinos, hablar mal del niño y volver a otros compañeros en su contra sembrando rumores malintencionados sobre él. Además, las amenazas para lograr que el niño haga algo que no desea, quitarle objetos personales, y hasta pedirle dinero son otras de las manifestaciones del acoso escolar. El objetivo es hacerle sentir miedo a las agresiones, a las burlas, a que se cuente algo negativo sobre él.

Importante también el acoso que se ejerce a través de las redes sociales. Estamos ante un caso de ciberbullying cuando un chico o chica atormenta, amenaza, hostiga, humilla o molesta a otro/a mediante Internet, teléfonos móviles, consolas de juegos u otras tecnologías telemáticas. Este es muy grave debido al anonimato, la no percepción directa e inmediata del daño causado y la adopción de roles imaginarios en la Red. Algunos ejemplos de este acoso serían: colgar en Internet una imagen comprometida (real o efectuada mediante fotomontajes) datos delicados, cosas que pueden perjudicar o avergonzar a la víctima y darlo a conocer en su entorno de relaciones; dar de alta, con foto incluida, a la víctima en un web donde se trata de votar a la persona más fea, a la menos inteligente… y cargarle de puntos o votos para que aparezca en los primeros lugares; dejar comentarios ofensivos en foros o participar agresivamente en chats haciéndose pasar por la víctima de manera que las reacciones vayan posteriormente dirigidas a quien ha sufrido la usurpación de personalidad; hacer circular rumores en los cuales a la víctima se le suponga un comportamiento reprochable, ofensivo o desleal, de forma que sean otros quienes, sin poner en duda lo que leen, ejerzan sus propias formas de represalia o acoso; enviar menajes amenazantes por e-mail o whatsapp, perseguir y acechar a la víctima en los lugares de Internet en los se relaciona de manera habitual provocándole una sensación de completo agobio…

El acoso psicológico es la forma más sutil, pero igual o más dañina, de generar una situación de violencia escolar. En este caso, a la víctima no se le deja participar en juegos o en actividades sociales conjuntas, se le aisla, se le excluye, no se le habla y se le ignora activamente. Lo tratan como un apestado y esto hace que, incluso los que no participaban activamente en el acoso, también se alejen de él, por mantenerse en el grupo o por temer ser ellos mismos víctimas. Se convierten en espectadores.

Es muy importante, por tanto, trabajar con profesores, padres y alumnado, para que todos sean capaces de identificar estas situaciones y poder así intervenir. Los casos se suelen resolver si se habla pronto de ello y nuestros hijos, conscientes de que no se debe tolerar el maltrato, se convierten ya no en cómplices activos o pasivos, ni en observadores de la violencia, sino en el apoyo que el sistema necesita para darle la vuelta al acoso escolar.

El papel de los padres es fundamental, estando atentos a los cambios en la conducta del niño y brindándole apoyo en cuanto sufra algún tipo de acoso, nunca minimizándolo, ni diciéndole que se haga más duro o que eso siempre ha pasado.

Los indicativos que pueden observar los padres en casa son los siguientes:

  • – Cambios en la conducta del niño: se muestra más irritable, violento o tiene rabietas.
  • – Cambios emocionales: tristeza, apatía, enfados…
  • – Tiene dificultades para dormir (insomnio, pesadillas, terrores…).
  • – Presenta síntomas psicosomáticos como dolores de estómago o de cabeza o fiebre… sin causa médica real.
  • – Presenta arañazos o moratones.
  • – Cambios en el apetito: lo habitual es la pérdida del mismo, aunque en ocasiones también hay casos en los que se da ingesta compulsiva.
  • Se resiste a ir al colegio, tiene verdadero miedo a volver tras las vacaciones o incluso tras el fin de semana.
  • Nunca quiere hablar sobre su vida escolar.
  • – Tiene un bajón repentino en su rendimiento.
  • – No quiere ir a las excursiones.
  • Absentismo escolar.
  • Han dejado de invitarlo a las fiestas de cumpleaños.
  • – Empieza a perder o a aparecer con sus pertenencias escolares o personales rotas.

 

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