Vacaciones diferentes

Este año las vacaciones no serán como las demás, pero eso no significa que no vayan a ser igual de buenas. Debemos entender que el valor de las cosas no lo dicta su precio, su exclusividad o exotismo, sino el saber disfrutar de cada momento y sobre todo, ser agradecidos por ello.

La gratitud es un sentimiento que puede parecer anticuado porque en la actualidad pensamos que tenemos derecho a todo, sin pararnos a pensar que a menudo las circunstancias de la vida nos golpean sin haberlas escogido y sin importar nuestra condición o estado actual. Simplemente pasan, y es importante saber adaptarse a ellas y aprender a ver el lado bueno de cada una de ellas.

Este año, seguramente mucha gente no podrá viajar a sus destinos favoritos para desconectar, no podrá realizar muchos de los planes que tenía previstos o directamente no tendrá la posibilidad de pasar unos días descansando. Pero eso no significa que no se pueda disfrutar del verano: es el momento de valorar nuestra tierra, de redescubrir los pueblos y los planes familiares en casa, de apreciar un aperitivo en una terraza con la gente que queremos, de tener más contacto con esas personas o familiares que viven cerca pero que por causa de nuestra ajetreada vida diaria nunca podemos ver, de dar un paseo en bicicleta… En definitiva, de valorar y agradecer todo lo que tenemos a nuestro alcance y sobre todo, no darlo nunca por hecho. Estos meses de 2020 nos han enseñado precisamente eso, y es un aprendizaje valioso que no debemos olvidar.

Es buen momento para poner en práctica planes baratos o incluso gratis con nuestros hijos aprovechando el buen tiempo: llevarlos de excursión y descubrir los “monstruos” que pueden habitar en una charca, hacer acampada o enseñarles a pescar. En la ciudad podemos visitar esos museos que tenemos al alcance de la mano y que por falta de tiempo siempre quedan para otra ocasión, investigar en la agenda municipal eventos o actividades deportivas para toda la familia o permitir a nuestros hijos descubrir aquella localidad cercana llena de historia que puede resultar fascinante.

Este año las vacaciones no serán como las demás, pero tenemos que empeñarnos en sacar todo lo bueno de ellas aunque sean diferentes.

Cómo adaptarse a la nueva normalidad

Estamos en un momento complicado y en plena adaptación a la vida que tendremos que llevar durante un tiempo. La incertidumbre para todos es grande: qué va a pasar con nuestros trabajos, con nuestros mayores, con las vacaciones, con nuestros proyectos de futuro, con la vuelta al cole, etc.

Son muchos los cambios que estamos experimentando y estos pueden generarnos miedo o ansiedad al sentir que no estamos preparados para ellos, pero saber adaptarse es clave para estar tranquilos y felices con nuestra vida.

En primer lugar debemos entender que todo cambia. La vida es un cambio constante y eso no es algo negativo, es una realidad que debemos aceptar para que la angustia no nos gobierne. A lo largo de nuestra vida podremos cambiar de centro escolar, de casa, de trabajo, de amistades e incluso de ideología. El cambio siempre estará presente y tratar de evitarlo sólo nos hará sufrir y no nos permitirá crecer como personas.

Es importante aprender a centrar la atención en los beneficios de la nueva situación. Hay cosas que durante estos meses hemos ido redescubriendo y que nos hacen sentir bien: la lectura, la cocina, el tiempo en familia, el ejercicio físico… ¿Por qué no mantenerlas? Quizá hayamos descubierto una nueva forma de trabajar y ahora podemos adaptar mejor nuestros horarios. En definitiva, ser capaz de detectar el lado bueno de esta nueva situación y exprimirlo al máximo para que nos resulte más sencillo adaptarnos a ella.

Debemos mantener nuestra mirada fija en el presente, ir paso a paso y ponernos objetivos a corto plazo. No sabemos cuanto tiempo va a durar la situación actual, así que lo más recomendable es centrarnos en los aspectos de nuestra vida que sí podemos controlar e ir avanzando en ellos poco a poco.

A pesar de nuestros esfuerzos, como en todas las situaciones de la vida habrá ocasiones en las que nos veremos sobrepasados y necesitaremos una pausa. Los ejercicios de relajación son excelentes aliados en estos casos: aprender a realizar la respiración diafragmática o la relajación muscular progresiva nos ayudará a calmarnos en un momento de estrés o simplemente nos hará sentirnos mejor después de un día duro.

Controlando nuestros nervios…

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Es algo que no podemos evitar, está aquí, y además y por desgracia aún se quedará un tiempo.  No podemos luchar contra él, podemos y debemos confiar en que con la ayuda y la responsabilidad de todos, podamos vencerle. Estamos seguros de ello. Desde aquí queremos daros unos pequeños consejos que puden ayudaros a controlar esos nervios, esa ansiedad que está claro que llegará si no está ya más que asentada en nuestra mente.

  • Vive cada día, no pienses en mañana, solo trata de no tener pensamientos catastróficos del tipo de ” no se acabará nunca, me voy a contagiar, me volveré loco”… esos pensamientos no hacen más que acrecentar tu ansiedad y no son realistas. Se va a acabar, porque esto pasará,  vuelve los ojos  a China. El contagio no es tan sencillo si guardas las precauciones y te quedas en casa y para no volverte loco, tenemos unos cuantos consejos y los psicólogos estamos para ayudarte.
  • No se te ocurra quedarte en pijama todo el día. Levántate a tu hora habitual, se permite estar un poco más en la cama, solo un poco.  Pero sigue las rutinas como si fueras a trabajar. Dúchate y ponte ropa para estar en casa, pero presentable, no cojas lo peor que tengas. Es importante que el espejo te devuelva una imagen adecuada porque parece que no …pero ayuda.
  • Es importante que hagas ejercicio. En youtube , en instagran, en todos los sitios tienes muchos ejercicios que puedes hacer.No es necesario que te mates pero sí que te muevas. El ejercicio, hazlo, si es posible al aire libre, pero alto, nos vale que abras la ventana , o en el balcón, en la terraza, pero es importante que te de el aire y que te muevas, sube las endorfinas que son péptidos que funcionan como transmisores y que ponen en contacto las neuronas produciendo estados de placer y relajación. El ejercicio físico es pues ahora indispensable.
  • Planifica una tarea cada día. Primero te ocupas tu y tu pareja, y los hijos si los tienes en las tareas de la casa, Haz que tu casa esté ordenada eso también ayuda a serenar y calmar los nervios. El caos, no lo olvides, provoca más caos.
  • Básico, las noticias y la televisión se ponen lo menos posible. Las noticias que llegan por redes sociales tampoco son recomendables. Si quieres aumentar tu angustia, conéctate a cualquier canal de televisión y empápate de cifras. Si lo que quieres es pasar el confinamiento lo más relajadamente posible, infórmate bien, pero una sola vez al día.
  • Estáte al menos 10 o 15 minutos al sol. Si al sol… a ver, no es necesario que tengas un jardín o terraza, estupendo si la tienes, pero lo normal es que tengas ventanas, pero hasta por la ventana más pequeña puede colarse un rayo de sol. Te sientas y aprovechas ese tiempo, el sol es el más potente antidepresivo que hay, la parte positiva es que estamos en primavera. Hubiera sido mucho peor en invierno.
  • Te quejas mucho, de que no tienes tiempo para nada… vas postergando el hacer limpieza y orden en tu armario, deshecha esa ropa que no te pones para darla a quien sí la necesita, el despacho está necesitando que tires los papeles y papeles que vas acumulando. Dale al el botiquín en el que tienes medicinas caducadas que llevarás a la farmacia cuando esto acabe. Haz limpieza en el congelador, en la despensa. Seguro que te llevará un montón de tiempo en el que no pensarás en nada.
  • Es el momento para que tu pareja, o tus hijos, aprendan las tareas de la casa, planchar, y hacer algo de cocina que les servirá para el futuro o para que no se dependa solo de una sola persona. Es una maravillosa forma de hacerlos más independientes para el día de mañana.
  • Tiempo de ocio. Después de comer, lo haréis todos juntos, que posiblemente hacía tiempo que no lo hacías, nos relajamos y dejamos tiempo para cada uno. Es importante también que tengamos nuestra privacidad, en el que cada uno busque su entretenimiento por separado.
  • Aprender a jugar todos juntos, juegos de mesa, juegos en la consola, pero aprovechad el tiempo que luego os aseguro lo echaréis de menos.
  • Cocinar, hacer manualidades. Cientos de propuestas en las redes para los mayores y los pequeños que debéis aprovechar.
  • Es importante también que habléis mucho, que podáis contaros cosas de vuestra vida, que los abuelos si están participen y cuenten su vida, ver películas de cuando eran pequeños, ordenar fotos, esas que siempre dices que vas a clasificar pero nunca lo haces.
  • Puedes hacer películas con un guión, y en el que participéis todos, disfrazaros, echadle imaginación, luego os encantará verlas.
  • Sabéis que no nos gustan las pantallas, pero es importante que les dejemos un tiempo que también será para nosotros de descanso. No pasa nada porque levantemos un poco la mano. Pero nunca antes de dormir, las pantallas después de comer, o por la mañana, nunca dos horas antes de ir a la cama, porque puede interferir en el sueño.
  • Baños relajantes, aprender a dar masajes, que es una actividad muy muy placentera, y no es tan difícil. Os vendrá genial a todos.
  • Antes de dormir, procurad no jugar de forma que excitéis a los más pequeños, un cuento y para dormir
  • Y quizás sea el momento para que los mayores tengan una quedada… las videoconferancias con varios amigos es una forma divertida de pasar el rato.
  • Y sobretodo recordad que esto pasará. Que siempre tras la tormenta siempre sale el sol y que la alegría de volver a reencontrarnos con nuestros seres queridos, a los que tanto echamos de menos, va a suponer una inyección de alegría y de energía para seguir luchando para conseguir ser felices, dándonos cuenta, de lo que realmente no valoramos cuando lo tenemos. La libertad y la salud.
  • Y no olvidéis que estamos aquí, para ayudaros. El miedo, la ansiedad, las dudas, el cansancio, la sensación de encierro y agobio son emociones que debemos aceptar. Son normales, pero tú puedes controlar el tiempo que te dominen. Eso ya es cosa tuya.
  • Entre todos podemos. Y mientras tanto, ya lo sabes #quedateencasa.

Miedo a enfermar: hipocondría

Hay personas que piensan que padecen una enfermedad grave, aún cuando los médicos no ven indicios de ello o las pruebas médicas resultan negativas. Estas personas están continuamente revisando los posibles síntomas, buscando información en internet, preguntando y contrastando información con amigos y familiares o acudiendo de forma regular al médico en busca de nuevas opiniones. Esta ansiedad desmesurada ante las enfermedades se denomina hipocondría, y es realmente incapacitante para las personas que la sufren, que a menudo se sienten incomprendidas por su entorno.

La hipocondría puede aparecer cuando una persona está sometida a mucho estrés y por ejemplo se han dado casos en su familia o entorno de diagnósticos de enfermedades graves, tanto en el pasado como de forma reciente. De igual forma es más probable que la padezcan personas diagnosticadas con depresión u otros trastornos de ansiedad, o aquellas que han crecido en un ambiente familiar especialmente sensible a las enfermedades y a los síntomas derivados de las mismas.

Nuestra psicóloga Isabel Menéndez nos da las claves para poder detectar la hipocondría en el siguiente vídeo, así como una serie de consejos para afrontarla.

¿No para y está en las nubes? Puede tener TDAH

Hay determinados niños que literalmente no son capaces de estar quietos: en clase a menudo son regañados por hablar mucho con los compañeros, se caen de la silla, se balancean, se levantan varias veces, no dejan atender a los demás… Llevan muy mal las situaciones de espera o tienen una escasa tolerancia a la frustración. Además, pueden distraerse a menudo, “estar en las nubes”, olvidar el chándal del colegio, perder material escolar o juguetes, nunca apuntan las tareas en la agenda o son incapaces de concentrarse a la hora de hacer los deberes. En estos casos, podemos estar hablando de niños con Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).

Puede darse el caso de que un niño sea hiperactivo pero capaz de mantener la atención en tareas que requieran un esfuerzo considerado o por el contrario, no ser especialmente movido pero sí costarle mucho concentrarse en los estudios o prestar atención en clase.

Estos niños a menudo son etiquetados como vagos, pasotas, maleducados o desconsiderados, cuando la realidad es que en muchas ocasiones no pueden controlar sus impulsos, se olvidan de lo que les hemos pedido que hagan o no tienen un buen método de estudio adaptado a sus necesidades. Resulta fundamental entender que el circuito cerebral que controla la correcta capacidad de motivación sufre alteraciones en las personas con TDAH, por lo que a estos niños les requiere un esfuerzo mucho mayor sacar los cursos adelante, especialmente a partir de secundaria, a pesar de no tener dificultades intelectuales. De igual forma, el control de impulsos se ve igualmente afectado, es por ello que pueden hacer comentarios que están fuera de lugar, tener conflictos con los compañeros en clase o explosiones de ira, de las que siempre se arrepienten.

Nuestra psicóloga Isabel Menéndez nos habla sobre este tema y nos da algunos consejos para saber qué hacer en estos casos.

Nido vacío: cuando los hijos se van de casa

Los años pasan, los hijos crecen y llega el momento de que abandonen el hogar. Muchos padres pueden experimentar sentimientos encontrados y es habitual que necesiten un periodo de adaptación a la nueva realidad.

Los progenitores, especialmente las madres, pueden sentir tristeza y soledad cuando los hijos se independizan. También es habitual que no sepan qué hacer con el tiempo del que ahora disponen y pueden surgir sentimientos de inutilidad o apatía. En ocasiones, los padres pueden mostrarse excesivamente dependientes de los hijos y ser incapaces de darles el espacio que ahora necesitan, creando tensiones entre ellos y dañando la relación.

Tras muchos años de cuidados constantes a los hijos puede haberse dejado de lado la relación de pareja, y por ello es necesario volver a reencontrarse con la otra persona, planear cosas juntos, retomar aficiones, escucharse, etc. Hay que tener en cuenta que todo cambio de etapa requiere una adaptación, es por ello que resulta fundamental tener paciencia y tratar de tomarnos las cosas con calma.

En el caso de las familias monoparentales, esta situación puede resultar más difícil de superar, ya que la independencia de los hijos en este caso es aún más notoria para el padre o la madre que han llevado a cabo todas las tareas en solitario. Para ellos también es el momento de dedicarse a sí mismos, aunque es posible que la adaptación a la nueva vida sea algo más lenta y que disponer de tanto tiempo al principio resulte abrumador, pero con paciencia es posible aprender a gestionarlo y tener una vida plena al margen de los hijos.

Si la tristeza y la apatía derivan en un estado depresivo que se alarga en el tiempo, es hora de consultar con un profesional.

Agorafobia: miedo al miedo

La agorafobia es un trastorno de ansiedad y la persona que lo padece teme situaciones reales o anticipadas en las que podría tener un ataque de pánico o sentirse atrapado, indefenso o, incluso, sentir vergüenza. Por ejemplo, una persona puede evitar subirse a un avión por si tiene un ataque de pánico y no hay un médico o personal sanitario que pueda atenderle.

Nuestra psicóloga Isabel Menéndez Benavente nos explica detenidamente en qué consiste este trastorno y algunos consejos que pueden ser de gran utilidad para las personas que lo padecen.

Cómo afrontar la pérdida de un ser querido

La pérdida de un ser querido puede ser algo devastador y traumático. Cada persona reacciona de una determinada forma ante un hecho que puede llegar a marcar un antes y después en nuestra vida, pero estos consejos pueden ser de utilidad para asumir la pérdida y poder seguir adelante:

  • Lo más importante es aceptar nuestros sentimientos, y tomarnos el tiempo que necesitemos. A menudo la gente de nuestro alrededor, con la mejor intención, nos pregunta de forma reiterada qué tal nos encontramos y tratan de animarnos con frases como “no llores más”, “el tiempo todo lo cura”, “sé fuerte”, etc. Sin embargo, es sano y necesario llorar, desahogarnos y aceptar una tristeza que nos acompañará una larga temporada. No debemos poner fecha al duelo, sino dejar que este se vaya desarrollando de forma natural, aunque lo habitual es que dure unos dos años.
  • Es importante hablar sobre el ser querido, recordar los buenos momentos con esa persona. Si nos resulta complicado hablar, podemos escribir o simplemente recordar experiencias positivas, que nos ayudarán a paliar poco a poco el sufrimiento. Hay personas que deciden incluso dejar de nombrar a la persona fallecida y rehuyen hablar sobre ella, evitan sus actividades o lugares favoritos. Esta actitud puede ser normal en los primeros momentos tras la pérdida, pero si con el paso del tiempo se mantiene puede obstaculizar el proceso del duelo, evitando que este pueda resolverse.
  • Es importante también marcarse pequeños objetivos una vez pasado el dolor inicial, retomar poco a poco la rutina, con el fin de evitar el aislamiento y poder conectar nuevamente con nuestros familiares, amigos y compañeros.
  • Si notamos que pasado un tiempo considerable, el dolor sigue siendo insoportable y no conseguimos avanzar en nuestra vida, es necesario acudir a un profesional que nos ayude a aceptar la pérdida. No se trata de superarla, algo realmente difícil en ciertos casos, sino aprender a vivir con ella y poder vivir en paz.

Nuestra psicóloga Isabel Menéndez nos habla también de la culpa y cómo hablar con nuestros hijos sobre la muerte de un familiar en el siguiente vídeo.

Cómo establecer y cumplir los propósitos para 2020

Se acaba 2019 y en estas fechas es ya una tradición establecer una serie de propósitos de año nuevo, propósitos que la mayoría de la gente no llega a cumplir nunca. ¿Por qué pasa esto?

La principal razón por la que no se cumplen los propósitos es que estos no son realistas o son demasiado generales, “este año voy a cuidarme”, “voy a hacer ejercicio”, “voy a dejar de fumar”, “voy a ahorrar”, etc. Si una persona nunca ha hecho ejercicio, o lleva mucho tiempo sin hacerlo y su meta es salir todos los días a correr, lo más seguro es que mantenga su propósito solo durante las primeras semanas de enero, si es que llega a ponerlo en práctica. ¿Por qué? Porque se dará cuenta de que no es capaz de seguir el ritmo que tenía pensado, se desmotivará rápidamente y su fuerza de voluntad descenderá en picado.

Lo que debemos hacer es ir poco a poco y concretar. Siguiendo con el ejemplo del ejercicio, si nuestra intención es ser personas más activas, podemos empezar por salir a caminar dos o tres veces por semana, por ejemplo durante dos meses. Después, a partir del tercer mes alternar las caminatas con pequeñas carreras. Así en función de la evolución de cada uno, hasta llegar al nivel que deseamos. Es mejor tener metas pequeñas y alcanzables que poco a poco nos vayan acercando al “gran objetivo”, que tratar de alcanzarlo directamente y desesperarnos en el intento.

Otra razón habitual que nos hace desistir en el cumplimiento de los propósitos es tener demasiados. Si ya es difícil cambiar un hábito, tres o cuatro a la vez es casi imposible. Por eso es importante escoger uno de ellos y focalizarnos en él, y cuando ya lo hayamos incorporado a nuestra vida diaria, ir a por el siguiente. El comienzo del año es una época habitual para hacer borrón y cuenta nueva, pero en realidad cualquier momento es bueno para empezar a hacer lo que deseamos.

Por último, es fundamental no decaer aunque no hayamos cumplido todo lo que nos hemos propuesto. ¿Cómo conseguirlo? Valorando lo que sí hemos hecho. Puede que no todas las semanas hayamos salido a caminar, pero muchas otras sí y eso es algo que hace unos meses no hacíamos ni siquiera una vez a la semana. No se trata de tener un progreso lineal, que es algo al alcance de muy poca gente, sino mantenernos firmes y seguir a pesar de los altibajos.

Trastornos de conducta en niños y adolescentes

Los trastornos de conducta en niños y adolescentes pueden interferir gravemente en sus vidas y afectar a sus relaciones sociales y familiares. Detectarlos lo antes posible resulta fundamental para no agravar la sintomatología y prevenir otros trastornos asociados. Nuestra psicóloga Isabel Menéndez nos explica en qué consisten y las señales que nos deben alertar de la presencia de estas alteraciones.

Las causas de estos trastornos pueden ser genéticas, esto es, la disposición o el temperamento natural de un niño y las posibles diferencias neurobiológicas en la forma que funciona el cerebro, o del entorno, con unas pautas de crianza inadecuadas, bien por ausencia de límites o exceso de los mismos.

En lo referido a las pautas educativas es muy importante establecer una serie de límites adaptados a la etapa evolutiva en la que se encuentra cada niño e imponer unas consecuencias proporcionadas cada vez que se los salten. Para que un castigo sea efectivo debe seguir los siguientes puntos:

  • Los niños diagnosticados con problemas de conducta normalmente también son impulsivos y no son capaces de ver las consecuencias de sus actos. Es por ello que se debe avisar previamente de los castigos asociados a cada conducta que queramos modificar, para que poco a poco puedan ir modulando su conducta.
  • Una vez que estos niños hayan hecho algo que no debían, la consecuencia debe aplicarse de forma inmediata. Es habitual que los padres tiendan a dejar los castigos para más tarde, y castiguen con no jugar a la consola el fin de semana si el niño se ha portado mal el miércoles. Esto es un error y es habitual que muchos niños, llegado el fin de semana, no recuerden por qué están castigados o que por otra parte, no encuentren motivación para portarse bien el resto de la semana si saben que hagan lo que hagan el fin de semana no podrán jugar. Es mucho más efectivo castigar lo antes posible, ya que el niño será plenamente consciente de su error y de sus consecuencias.
  • No añadir comentarios: lo que habitualmente entendemos por “entrar al trapo”, discutir con el niño o utilizar frases como “si es que esto se veía venir” o “ya estás como siempre…”. Los niños, especialmente los más pequeños, no tienen la capacidad de razonar con los adultos ni entienden muchas veces lo que estos les dicen, por lo que resulta más efectivo aplicar la consecuencia directamente sin dar demasiadas explicaciones.
  • Importantísimo que los padres sean coherentes e impongan los mismos castigos, y en caso de no estar de acuerdo, dialoguen entre ellos sin estar los hijos presentes. Si un niño sabe que uno de los progenitores es más “blando”, se aprovechará de ello y esto provocará discusiones y tensión entre la pareja, por lo que es básico instaurar una serie de normas que ambos progenitores acepten y bajo ningún concepto desautorizarse el uno al otro.