Autocontrol infantil: la técnica del volcán.

Definimos el autocontrol como la capacidad para dirigir nuestra conducta en el sentido deseado, es decir, gestionar nuestras emociones de la manera más adecuada para poder evitar o minimizar consecuencias negativas de nuestros actos.

El autoncontrol no es innato, es una cualidad que se va adquiriendo y es un aspecto muy importante a trabajar en la infancia, especialmente en el caso de los niños con alta impulsividad.

La edad ideal para comenzar a trabajar el autocontrol es a partir de los 2 años, cuando se adquieren habilidades verbales y su capacidad cognitiva ya les permite interiorizar normas y asociar situaciones-acciones.

Existen numerosas técnicas para trabajar de manera lúdica con los niños el autoconocimiento emocional. Hoy os hablamos de una que solemos emplear en las sesiones en grupo con los más pequeños.

Se trata de la técnica de volcán. Este ejercicio consiste en establecer un símil entre la erupción de un volcán y la sensación de calor interno que experimentan muchos niños antes de perder el control y estallar en enfado o rabieta.

En nuestro caso, lo que hacemos es explicarles a los niños que cuando existe algo que no nos gusta y nos empezamos a enfadar, empezamos a experimentar en nuestro vientre un ligero calor, como si se empezara a calentar la lava de un volcán. Según va pasando el tiempo, y si no sabemos cómo apagar el fuego del volcán, la lava se pone a hervir y erupciona, estalla y puede quemar todo. Se trata de que los peques aprendan a identificar situaciones que les alteran y también las conductas inadecuadas que realizan. Es aconsejable combinar esta técnica con la respiración o con la cuenta hasta 10 o 20 para que el niño aprenda a gestionar la emoción y no reprimirla. Deben tener claro que enfadarse no es malo, siempre y cuando sepamos qué hacer con ese enfado.

Dibujamos un volcán de ejemplo, para que luego cada niño dibuje el suyo y lo coloree de la manera que más le apetezca. En la base del volcán ponemos las “cosas que me enfadan” y en la zona superior, como si fuera la lava, las “cosas que pasan cuando me enfado” . Al hacerlo en grupo, se facilita la expresión de situaciones y conductas inapropiadas, ya que de esta manera se dan cuenta de que a más niños les pasa lo mismo en ocasiones.

 

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Existen numerosas técnicas para trabajar con los niños,  se debe tener en cuenta las características de cada uno para poder ofrecerle aquella que más útil le pueda resultar.

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Para superar una ruptura…

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Todos hemos pasado por alguna ruptura. Elegida o impuesta, pero todos hemos pasado por el punto y final de alguna historia. Y todos sabemos que es algo difícil. Es una situación que se asemeja al duelo que se sufre cuando fallece un ser querido, aunque en el caso de las rupturas sentimentales, el duelo puede ser incluso más doloroso, pues cuando alguien muere, se cierra el libro, mientras que en una ruptura sabes que la otra persona está ahí, existe, pero no quiere estar contigo. No, no te ha elegido. Y eso, amigos, no es fácil de superar. PERO SE HACE.

El primer paso para superar la situación es ACEPTARLA. Esto implica reconocer que la historia ha terminado. Que existe un punto final. Tienes que abrir los ojos y aceptar que la situación es irreversible, pues si crees que las cosas pueden volver a ser lo de antes, nunca vas finalizar el camino de la recuperación. Puede hacer muchísimo daño seguir esperando algo que nunca sucederá. Olvídate de falsas esperanzas y autoengaños y mira (o deja que te ayuden a mirar) las cosas con perspectiva.

Vas a tener que sacar tu orgullo y toda tu dignidad, no te arrastres por nadie. Si se ha acabado, se ha acabado, no ruegues, no supliques, no te estanques. No te va a servir de nada, sólo para prolongar el dolor.

La aceptación es un proceso desagradable, doloroso, no voy a vender lo contrario. Pero el dolor es bueno, tiene una finalidad, que es la de ayudarnos a ASUMIR nuestros sentimientos. No debes reprimirte, si tienes ganas de llorar, llora, si sientes rabia o angustia, busca alguna buena manera de canalizarla y deja que fluya. No te fuerces a estar bien, pero tampoco te regodees en el dolor; no optes por el sufrimiento. Llorar vale, dedicarte todas las noches a ponerte vuestras canciones o ver vuestras fotos es elegir un sufrimiento gratuito e innecesario. No evites tu dolor, pero tampoco lo alimentes.

Te vendrá muy bien rodearte de personas que te dejen (hasta cierto punto) estar “mal”, personas con las que no tengas que fingir un estado de ánimo, personas que te recuerden que, aunque alguien no te haya dado el valor que tú esperabas, eso no significa que tú no valgas.

Es clave también ALEJARSE. Aunque es algo que debe valorar cada uno/a, inicialmente no soy partidaria del “podemos ser amigos”. Los primeros meses tras la ruptura, en general, no es recomendable mantener contacto, ni directa ni indirectamente (¿cotillear sus redes sociales? Mala idea.). Más adelante, cuando los sentimientos se hayan enfriado, sí que se podría intentar mantener una relación cordial. Pero eso ya es algo muy a sopesar por cada persona. ¿Vas a querer conocer a su nueva pareja? ¿Vas a llevar bien que te hable de otras personas? Porque eso es lo que hacen los amigos, ¿no? Si no estás preparado/a para esa situación, no tienes por qué ser amigo/a de nadie. Sé egoísta y mira por tu bienestar.

Tampoco es recomendable la actitud “un clavo saca a otro clavo”. Esto lo único que hará es transferir los afectos que sientes por una persona a otra. Estás sustituyendo a una persona por otra nueva, pero los sentimientos no son nuevos. No optes por reemplazar, no es justo ni para ti ni para la nueva persona.

Otro punto es el APRENDIZAJE. Cuando ya has pasado por los puntos más duros, llega el momento de valorar lo vivido. Porque no, no se trata de que olvides una relación ni a una persona, sino de que cojas todo lo que ha pasado, lo valores y saques todo lo positivo de la experiencia. Seguro que has aprendido mucho de ti y de tu forma de relacionarte. Seguro que tu concepto de relación de pareja ha variado y ahora estás en un punto que tienes más claro lo que quieres (y lo que no). Saca provecho de la relación.

Por último, no esperes a estar bien para hacer cosas; haz cosas para sentirte bien. ACTÍVATE, ACTÚA. No dejes que lo sucedido bloquee tu vida. Sí, sé que cuesta, pero si tú no puedes, busca ayuda profesional, no pasa nada, ¡¡para eso estamos!!

Tienes que tener claro que no es el tiempo quien cura las heridas, sino lo que haces en ese tiempo. Cuídate. Date algún capricho. Haz deporte, te llenará de energía y hará que focalices tu atención en el esfuerzo físico.

Como última recomendación, diré que has de respetar tu ritmo de superación (siempre dentro de un tiempo que no roce la patología, claro), pues no todos manejamos las situaciones de la misma manera, ni gestionamos las emociones igual, y no existe una jerarquía de las fases de la ruptura.

Confía en ti y en tu voluntad. Lo vas a superar. Sólo hay que aceptar y decidir empezar de nuevo.

Decálogo del éxito deportivo.

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Pocas veces hemos hablado del deporte y la psicología y su importante interrelación en nuestro blog. Dejando por un momento a un lado el rol del psicólogo deportivo, así como los ámbitos de actuación, quisiera centrarme en esta ocasión en una serie de pilares básicos que se deben reforzar y tener en cuenta para lograr conseguir aquello que queremos, en cualquier disciplina deportiva y en la vida en general.

Mi experiencia me ha permitido resumir en diez puntos los escalones para lograr el éxito deportivo (profesional o amateur), aunque también se podrían aplicar al ámbito profesional, escolar o personal.

 

  1. Motivación: hay que hablar de la motivación propia de cada deportista (intrínseca) y la motivación que se le ofrece (extrínseca). La motivación individual, interna, es trabajo de cada deportista. Es él y solo él quien debe encontrarla y fijarla. En cuanto a la motivación extrínseca, podemos y debemos trabajarla. ¿Cómo? cada deportista y el equipo, en general, se deben sentir valorados. Deben percibirse como parte importante de un todo. También se les debe hacer partícipes de los procesos de decisión y darles responsabilidades. Los objetivos que se marquen, deben suponer un reto acorde a sus capacidades. Exigir demasiado, frustra; infravalorar, estanca. Ambas situaciones conllevan el abandono. La variedad en el programa de entrenamiento es otro factor a tener en cuenta. No se trata de evitar establecer rutinas (al contrario, son necesarias), sino de ofrecer otras formas de enfocar los entrenos. También se deben contraatacar las ideas y expectativas negativas.
  1. Objetivos y metas: la claridad de metas es la base de la motivación y de la constancia. Sin unos objetivos (comunes e individuales) no se persevera ni se trabaja para lograr el mejor rendimiento. Los objetivos que se marquen han de ser realistas y, a la vez, suponer un reto apetecible para los deportistas. Se deben marcar a corto, medio y largo plazo, para que se perciba progresión sin quemarse ni aburrirse.  Además, han de ser formulados en positivo, esto es, en vez de establecer “no bajar de 4 minutos el kilómetro” marcaríamos “lograr hacer el km en menos 4 minutos”. También deben ser muy concretos y específicos. No sirve “ganar la liga”. Serviría: “Quedar entre los 5 primeros en la ida.” (es un objetivo en positivo, a medio plazo y concreto).
  1. Feedback: analizar la ejecución y los resultados con el fin de corregir errores, reforzar lo que se hace bien, modificar lo necesario y evaluar y valorar la progresión. No se debe reducir a señalar los errores, sino que exige su corrección y, además, el reconocimiento de aquello que se hace bien. Este análisis no se debe limitar sólo a la competición. Es un proceso constante y continuo.
  1. Recompensa: al igual que se establecen las metas a corto, medio y largo plazo, las recompensas también se deben ofrecer simultáneamente. Si los deportistas cumplen un objetivo y no se les refuerza (0 se autorrefuerzan), estaremos pasando por alto su esfuerzo y dedicación y, por tanto, corremos el riesgo de desmotivarlos y afectar así negativamente al rendimiento.
  1. Comunicación: entre entrenador y deportista(s) y entre todos los miembros del equipo. Ha de ser fluida; se debe fomentar un clima positivo y agradable, donde el respeto mutuo guíe las actitudes. Deben sentir que son libres de opinar y contribuir y que esas ideas se tienen en cuenta y son valoradas.
  1. Esfuerzo: físico y mental. Me refiero a la lucha constante (individual y/o colectiva) que se debe mantener para lograr los objetivos. Se trata de superación, perseverancia y competitividad.
  1. Disciplina: compromiso individual y grupal; la tenacidad. La constancia en los entrenamientos, el establecimiento de rutinas (individuales y grupales), el cumplimiento de horarios, estructurar, preparar y cumplir las sesiones de entrenamiento, realizar las series marcadas…
  1. Confianza: ser conscientes de las capacidades y talento que se posee y creer en ello.  Confiar también en el resto de los compañeros del equipo y en el entrenador. Los objetivos claros y el feedback, influyen en la autoconfianza y en la confianza grupal. La confianza se resumiría en cuatro palabras: creer en ti mismo.
  1. Cohesión: fomentar el sentimiento de orgullo de pertenencia al grupo. Se trata de que se sientan identificados con los valores del equipo, que se comprometan. Para ello se han de establecer unas normas comunes de conducta, se debe crear un clima de positividad, se ha de fomentar la colaboración, la generosidad y la responsabilidad. Tener un proyecto común hace que se cree un sentimiento de lealtad al equipo y a los compañeros. También se ha de maximizar la influencia social, favoreciendo la interacción entre los compañeros, promoviendo la noción de grupo y organizando actividades para amigos y familiares (apoyo en competición).
  1. Humildad: tanto en las victorias como en las derrotas; a nivel individual, con los compañeros y con los rivales. No se debe fomentar el negativismo ni el rencor ni el juego sucio; tampoco el alarde o el pavoneo . Hay que dejar bien claro que, como decía Saramago “la derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva. En cambio la victoria tiene algo negativo, jamás es definitiva”. Todo es temporal y dependemos sólo de nuestro trabajo diario.

La tarta de las emociones

Hoy os vamos a enseñar una estrategia para aprender las emociones con nuestros niños. Una estrategia que nos ayudará a desarrollar nuestra inteligencia emocional.

La inteligencia emocional es la capacidad para identificar, entender y manejar las emociones correctamente, de un modo que facilite las relaciones con los demás, la consecución de metas y objetivos, el manejo del estrés o la superación de obstáculos.

Al saber identificar y entender mejor las emociones, es decir, lo que sientes, podrás controlarlas y regularlas mejor, de lo contrario, ¿cómo se va a controlar en una rabieta si no sabe que está sintiendo enfado?, ¿o cómo va a dejar de gritar si no sabe que ese dolor que está sintiendo se llama tristeza?. Es muy importante enseñarle a identificar sus emociones para que tenga la habilidad de autocontrol. Si no las conoce, no sabrá identificarlas. Si no las sabe identificar, no sabrá reconocerlas. Y si no sabe reconocerlas no sabrá controlarlas.

Una alta inteligencia emocional no quiere decir que experimente menos emociones negativas, porque tampoco se trata de evitarlas, al contrario, tienen que experimentarlas, porque así su nivel de tolerancia y manejo será mayor. Muchas veces en consulta vienen padres que precisamente tienen mucho miedo a ver sufrir a su hijo, y lo que está claro es que toda emoción negativa o positiva son experiencias vitales que tiene que vivir y afrontar, porque cuánto antes se familiarice con ellas, antes las normalizará, y su gestión emocional será positiva, convirtiéndose en una persona que tendrá una mayor capacidad para identificar, saber qué es lo que está sintiendo exactamente e identificar que sienten los demás.

Esto hará que sus relaciones con los demás sean positivas, obteniendo más éxito y una vida más satisfactoria.

¿Qué ocurre si tenemos una inteligencia emocional alta?

  • Sabrá identificar sus propias emociones y la de los demás. Esto les permitirá regular pensamientos negativos dándose cuenta de cómo éstos afectan a sus sentimientos y comportamiento y ser aceptado socialmente al tener relaciones más positivas.
  • Manejo correcto de las emociones. Saber controlar sus impulsos y no dejarse llevar por explosiones emocionales, saber autorregularse ante emociones negativas e intensas y adaptarse a las circunstancias y cambios.
  • Mantener una mejor salud, ya que al regular sus emociones situaciones de estrés o emociones negativas se ven correctamente gestionadas al relativizar la situación y no dar más importancia de la necesaria. Serán personas menos vulnerables a sufrir periodos de ansiedad o depresión, ya que desarrollarán una mayor flexibilidad cognitiva y una estabilidad menos tendiente a los cambios.

Por ello, os vamos a enseñar una técnica que aplicamos en consulta, para trabajar las emociones.

“La tarta de las emociones”: Se trata de explicar que nosotros somos cómo una tarta. Una tarta se divide en porciones, cómo nuestras emociones, y cada porción es necesaria en la vida porque la suma de todos es lo que hace que exista la tarta. Lo mismo ocurre con nuestras emociones, cada una de ellas son necesarias para la vida. Y le enseñamos las seis emociones básicas necesarias para nuestra tarta.

-Alegría

-Tristeza

-Enfado

-Miedo

-Sorpresa

-Asco

A continuación deberemos dibujar el tamaño de la porción en función a cómo esa emoción está presente en nuestra vida. Por ejemplo, si en mi vida la alegría es una emoción que suelo experimentar, le dibujaré una porción más grande. Sin embargo, si el miedo es una emoción que apenas experimento, la porción será mucho más pequeña.

Más tarde tendrá que identificar en que situaciones suele experimentar esa emoción y añadiremos cada una de ellas al lado de la emoción correspondiente. Luego comentaremos cada una de ellas, enseñando a verbalizar lo que siente a la vez que aprende a hablar de ello.

Veamos un ejemplo:

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A continuación, ¡¡juguemos con las emociones usando nuestra creatividad e imaginación!!  Le asociaremos un color a cada emoción, haciéndole ver que una misma situación no la experimentamos de la misma manera, por eso cada tarta es diferente, no todos la colorearíamos igual. Cada color tiene un significado especial para nosotros.

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Por último, utilizaremos nuestro pensamiento abstracto y creatividad para expresar cada una de éstas emociones con formas a través de la plastilina. Tendremos que pensar como representaríamos esa emoción. ¡¡Así de chulo nos ha quedado!!

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Estas técnicas de expresión emocional son una de las muchas maneras de enseñar a  nuestros peques, los adultos del mañana, a conocer sus emociones, aquellas que siempre convivirán con ellos y lejos de rechazar tienen que aprender a amar.

Y sí queremos pasar un rato divertido y especial con ellos, el cine es un recurso tanto intelectual como emocional del que todos podemos hacer uso. Os recomendamos algunas películas para ver con nuestros niños que les ayudarán a entender mejor todo este mundo:

“HOME: Hogar, dulce hogar” (2015) Nos enseña acerca de la importancia del respeto mutuo y de establecer puntos de encuentro para romper con las barreras iniciales que se crean cuando alguien resulta diferente.

‘Del revés’ (2015) Es la importancia de desarrollar las habilidades psicológicas de los niños desde que son pequeños, con el fin de que conozcan lo antes posible a qué se deben sus emociones y las de los demás, así como de enseñarles a expresarlas.

‘BIG HERO 6’ (2014) Enseña a gestionar la pérdida y el proceso de duelo de una manera sincera, sin hipocresía.

‘La mecánica del corazón’ (2013) Nos enseña acerca de crecer con dificultades, de lo positivo de ser diferente, y de cómo funciona nuestra propia “mecánica del corazón”, todo ello bajo una fábula que nos habla acerca de la represión de los sentimientos y la gestión de las emociones que simbolizan el crecimiento personal y la madurez.

‘Frozen. El reino del hielo’ (2013) Además de haber reforzado las relaciones entre hermanas, nos habla de la importancia de la comunicación y los peligros de la represión.

‘Brave’ (2012) El mejor ejemplo de asertividad que podemos darle a la infancia, que nos rebatan nuestras ideas más estáticas.

`Cómo entrenar a tu dragón’ (2010) Nos habla de la superación y de la amistad, de la importancia de rehuir de los prejuicios y las etiquetas, ya que estos no siempre se adecuan a la realidad.

‘Los mundos de Coraline’ (2009) Recrea un universo metafórico que resulta muy adecuado para trabajar los conflictos paterno-filiales.

‘Up ‘(2009) Se trataría de nuestra manera de vernos, de reconocernos, de verificar nuestra imagen. El autoconcepto no es estático, cambia con el transcurso del tiempo y es promovido por el aprendizaje.

‘WALL-E’ (2008) Wall-E resulta idónea para trabajar el significado del lenguaje no verbal.

‘MONSTRUOS, S.A.’ (2001) Una de las mejores películas para trabajar sobre el miedo de una manera divertida donde nos enseña que la mejor manera no es huir, sino afrontar.

Shrek (2001). Divertida y tierna a partes iguales, es un tesoro para el trabajo del autoconcepto y la autoestima

‘NICKY, La aprendiz de bruja’ (1989) La crisis emocional que le hace perder temporalmente sus poderes nos habla de esa difícil etapa de cambios emocionales y autocuestionamiento por la que pasarán también nuestros hijos.

‘Toy Story’ (1996) Habla sobre el poder de la amistad, la empatía  y el trabajo en equipo.

La psicomotricidad.

En los primeros años de vida, hasta los siete años aproximadamente, la educación psicomotriz (fina y gruesa) del niño adquiere notable importancia. En estas primeras etapas, el conocimiento y el aprendizaje, se centran en la acción del niño sobre el medio, los demás y las experiencias, a través de sus acciones y movimientos.

La psicomotricidad es una disciplina que, como su nombre indica, se ocupa por un lado del aspecto motriz y por otro, del psiquismo. Es decir, incluye el desarrollo global del niño (movimiento, emoción y cognición).

Los ejercicios de psicomotricidad se llevan a cabo, en general, mediante una serie de juegos o dinámicas, más o menos dirigidos por el adulto. Estas actividades ayudan al niño a potenciar su desarrollo motor (voltear, arrastre, gatear, equilibrio, rodar, saltar, trepar, coordinación…), a su desarrollo emocional (tristeza, alegría, enfado, ira…) y, por lo tanto, a su desarrollo cognitivo (grande-pequeño, dentro-fuera, alto-bajo, los números y las nociones de cantidad, ancho-estrecho, rápido-despacio formas geométricas…).

Los beneficios de la psicomotricidad en los niños y bebés

– Conciencia del propio cuerpo parado o en movimiento.

– Dominio del equilibrio.

– Control de las diversas coordinaciones motoras.

– Control de la respiración.

– Orientación del espacio corporal.

– Adaptación al mundo exterior.

– Mejora de la creatividad y la expresión de una forma general.

– Desarrollo del ritmo.

– Mejora de la memoria.

– Dominio de los planos: horizontal y vertical.

– Nociones de intensidad, tamaño y situación.

– Discriminación de colores, formas y tamaños.

– Nociones de situación y orientación.

– Organización del espacio y del tiempo.

En esta ocasión en la clínica hemos optado por trabajar la psicomotricidad mediante el tradicional Twister. Con esta actividad se trabaja el equilibrio estático, las nociones de izquierda y derecha, el conocimiento de las partes del cuerpo, el reconocimiento de colores… Por otro lado también es útil para trabajar valores como la sana competencia, aprender a perder y ganar o el trabajo en equipo si se hiciera por grupos en vez de manera individual.

Además, en esta misma sesión hemos trabajado la atención selectiva y la creatividad mediante fichas que consistían en emparejar una serie de figuras y colorearlas del mismo color.

Juego para trabajar las emociones

Hoy os animamos a jugar con esta aplicación, permite que los niños reconozcan las emociones de manera muy sencilla y lúdica.

Esperamos que os guste. Para acceder a la aplicación pinchad sobre cualquier imagen.

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Fuente: evenbettergames

Fichas para trabajar las emociones

En estas 18 fichas de emociones, podéis trabajar tanto expresiones faciales como los diferentes sentimientos que se presentan.

Las emociones son reacciones psicofisiológicas que representan modos de adaptación a ciertos estímulos del hombre cuando ve algo o una persona importante para ellos. Las emociones alteran la atención, hacen subir de rango ciertas conductas guía de respuestas del individuo y activan redes asociativas relevantes en la memoria.

Fuente: http://www.escuelaenlanube.com/fichas-para-trabajar-las-emociones/

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