Cómo superar el Síndrome Postvacacional

Los días de vacaciones llegan a su fin y la vuelta al trabajo viene a menudo acompañada por el famoso síndrome postvacacional, que se traduce en estrés, ansiedad, irritabilidad, tristeza o alteraciones en el sueño. Después de unos días de desconexión es normal experimentar estas sensaciones, que poco a poco irán desapareciendo. Para ello puedes seguir estos consejos:

  • Planificar tu tiempo: en vacaciones a menudo los horarios no existen y nuestro ritmo de vida cambia por completo. Esto puede servir para relajarnos durante el tiempo libre pero cuando debemos volver a la rutina la desorganización puede perjudicarnos y aumentar la ansiedad que experimentamos. Es por ello que establecer un horario te ayudará a organizar mejor tu tiempo y aprovecharlo para hacer actividades que te gusten.
  • Practicar deporte: a menudo durante el verano abandonamos las actividades deportivas, pero es conveniente volver a practicarlo lo antes posible una vez que hayamos empezado a trabajar de nuevo. Dar un largo paseo, salir a correr o ir al gimnasio te ayudará a despejar la mente y aliviará la tensión que genera la jornada laboral, además de facilitar el sueño y permitir un mejor descanso.
  • Establecer retos laborales: es importante tratar de mantenerse motivado e ilusionado en el trabajo, buscar nuevas metas y evitar en la medida de lo posible la monotonía. Si te gusta el trabajo que desempeñas más fácil te resultará incorporarte nuevamente después de las vacaciones.

Nuestra psicóloga Isabel Menéndez nos dará más consejos en el vídeo que puedes ver pulsando aquí. Si tras ponerlos en práctica el malestar por la vuelta al trabajo se mantiene y excede las dos semanas, puede que nos encontremos ante una depresión que requiera ayuda profesional.

Economía de Fichas

La economía de fichas es una técnica eficaz para instaurar conductas positivas en nuestros hijos, como conseguir que hagan su cama, recojan los juguetes, se duchen solos, hagan los deberes a una determinada hora, etc. Es una herramienta muy útil para que aprendan a tener paciencia y a manejar la impulsividad, además de servir de estímulo para realizar tareas menos motivantes o que pueden considerar aburridas.

Estos son los pasos para llevar a cabo esta actividad:

  • Hacer una pequeña lista con los comportamientos que queremos modificar en nuestros hijos, tres o cuatro serían suficientes para evitar confusiones o sobrecarga.
  • Elaborar a su vez con los hijos otra lista con los premios asignados a cada comportamiento procurando que sean proporcionales.
  • Establecer los “puntos” o “fichas” que se conseguirán por la realización de dichas conductas. Por ejemplo, cada vez que haga la cama obtendrá dos puntos.
  • Establecer las fichas o puntos necesarios para la obtención de cada premio. Por ejemplo, seis puntos equivalen a un helado.
  • En un primer lugar es conveniente poner uno o dos comportamientos fáciles de modificar para que el niño se motive y vea que es capaz de conseguir los premios, para más adelante ir introduciendo tareas más complejas o que requieran más puntos.
  • Es importante que los premios no sean siempre materiales, también se deben proponer actividades para realizar con los padres o hermanos: ir a la piscina, de excursión, al cine, jugar con mamá o papá, traer un amigo a casa, etc.

Si aún así los niños no son capaces de controlarse, se niegan reiteradamente a cumplir las tareas o se muestran excesivamente retadores es importante buscar ayuda profesional.

Tiempo de vacaciones

Estamos en verano, época en la que resulta más fácil realizar actividades al aire libre y que debemos aprovechar para mejorar la calidad del tiempo que pasamos con nuestros hijos. Es en las vacaciones familiares cuando se deben reforzar los lazos entre padres e hijos, ya que se dispone de un tiempo que durante el resto del año no se tiene.

Las vacaciones son un momento ideal para asentar los valores que deseamos transmitir a los niños con nuestro ejemplo, es importante que nos vean hacer lo que decimos y que los felicitemos cuando ellos también lo hagan. Ser amables con los demás, recoger tanto en casa como en la playa o el campo los desperdicios que hayamos generado, ayudar en las tareas familiares o compartir son algunas de las conductas positivas que debemos reforzar en nuestros hijos.

Es importante no relajar en exceso las pautas establecidas durante el año y seguir siendo firmes a la hora de corregir comportamientos inadecuados, pero también lo es realizar actividades divertidas que fomenten la unión entre los miembros de la familia, como pueden ser:

  • Sorprenderles con un desayuno divertido, hacer tortitas con caras alegres, elaborar alguna receta con ellos…
  • Pasar una tarde lluviosa con algún juego de mesa para toda la familia, de estrategia o colaborativos: Catán, Las Montañas de la locura, Monopoly…
  • Hacer un plan de película con valores para luego comentarla entre todos: “Wonder”, “Del Revés”, el cortometraje “Cuerdas”, “Epic: el mundo secreto”…
  • Ir juntos a una librería y escoger cada uno un libro, fomentando la lectura desde que son pequeños.
  • Hacer una excursión en familia, a pie o en bicicleta, es una idea estupenda para pasar tiempo juntos y una actividad que les gustará ya que es más complicada de realizar durante el curso y no estarán acostumbrados a ella.

Nuestra psicóloga Isabel Menéndez nos da también algunos consejos para pasar este tiempo de descanso con los niños en este enlace.

¿Es mi hijo un adicto al móvil?

Hoy en día, el teléfono móvil es una herramienta más en nuestra vida y en la de nuestros hijos. El uso del teléfono en sí no es negativo y no se trata de privar a los niños de utilizarlo, ya que es una realidad que se encuentra presente en prácticamente todos los hogares y permite que los hijos se comuniquen con sus iguales, lo utilicen como instrumento de ocio y en ocasiones de aprendizaje, puedan ser localizados más fácilmente, etc.

El problema surge cuando los niños se hacen adictos al móvil, haciendo uso excesivo de las redes sociales o los videojuegos. ¿Cómo saber distinguir entre un uso adecuado de estos dispositivos y una posible adicción? Cuando se den entre otras, este tipo de conductas:

  • Son incapaces de salir sin él, ni siquiera por periodos cortos de tiempo.
  • Manifiestan ansiedad cuando no lo tienen o se muestran agresivos si se les quita, malestar físico y mental general en ausencia del móvil.
  • Están constantemente con el teléfono en la mano y comprueban de forma repetitiva si les ha llegado un mensaje nuevo, aunque no haya señales que lo indiquen.
  • Envían mensajes de forma continua incluso a amigos que acaban de ver.
  • Alteración de los hábitos de sueño: están hasta altas horas de la noche enviando mensajes, viendo vídeos o jugando.
  • Aislamiento social, dejan a un lado actividades lúdicas o deportes por estar con el móvil.
  • Minimizan el problema, ya que muchas veces no son conscientes del mismo (“Todos mis amigos lo hacen, no es para tanto, eres un exagerado”)
  • En caso de tener un tipo de tarifa limitada, no les importa saltarse dichos límites con tal de seguir jugando o enviando mensajes.
  • No son capaces de hablar con tranquilidad sobre el tiempo que lo utilizan.
  • Lo toman como un termómetro exclusivo de su valía ( grupos, amigos, fotos, etc)

¿Qué podemos hacer para evitar estas situaciones?

  • Antes de tratar el problema de los niños, los padres deben cuestionarse qué tipo de uso dan al móvil y si están siendo un buen ejemplo para sus hijos.
  • Pactar previamente horarios, tiempo de uso, uso de determinadas aplicaciones, etc.
  • Respetar los momentos en los que no debe usarse: mientras hacen los deberes, reuniones familiares, comidas, cumpleaños…
  • Facilitar teléfonos sencillos, sin demasiadas prestaciones.
  • Dar el móvil a partir de 13 años, y con precauciones.

Si su hijo no acepta sus normas y no es capaz de reducir el tiempo de uso del móvil es posible que presente una adicción, en cuyo caso no dude en buscar ayuda profesional.

Sexting, sexo en la red

Enviar imágenes o vídeos de carácter erótico por internet o a través de servicios de mensajería móvil conlleva grandes riesgos. ¿Consciente de todos ellos? ¿Qué hacer si alguien difunde contenido sexual de otra persona sin su consentimiento?

Nuestra psicóloga Isabel Menéndez Benavente responde en este vídeo.

Padres permisivos, hijos tiranos

Hoy en día cada vez es más frecuente observar niños que no respetan las normas básicas de convivencia, ya sea dentro del ambiente familiar, escolar o en los espacios públicos. Rabietas incontrolables cuando no consiguen lo que quieren, faltas de respeto a profesores o agresiones a compañeros son algunas de las conductas ante las que se debe actuar rápido y con firmeza. La falta de autoridad de unos padres a menudo  confundidos por unas pautas educativas erróneas puede llegar a afectar seriamente el equilibrio emocional de los hijos, lo que repercutirá de forma negativa en la forma de relacionarse con los demás.

Los errores más habituales son los siguientes:

  • Negociar constantemente

Un error muy común se produce cuando los padres negocian prácticamente todas las normas con sus hijos, incluso con los más pequeños, tratando así de evitar conflictos o discusiones con ellos. Elaborar juntos todas las reglas o dialogar constantemente hace que los padres pierdan su posición de autoridad y que los hijos se acostumbren a decidir sobre todo y sobre cosas que no les corresponden, haciéndoles partícipes de una responsabilidad que no pueden ni deben asumir. Los niños necesitan normas que les ayuden a regular su conducta y es tarea de los padres decidir cuáles son las más adecuadas de acuerdo a la edad que tengan sus hijos.  

  • Ausencia de límites

Muchos padres no se ponen de acuerdo a la hora de establecer límites o no saben lo que es apropiado exigir, por lo que al final acaban delegando esta tarea en otros familiares o tratando de retrasarla lo máximo posible. A menudo es durante la adolescencia cuando surgen las situaciones más complicadas, al no ser ya capaces los padres de controlar a los hijos, y es entonces cuando tratan de imponer las normas básicas, siendo mucho más complicado conseguir que los adolescentes las acaten. De igual forma, la ausencia de límites y normas provoca que los niños se frustren con mucha facilidad cuando no consiguen lo que quieren, especialmente fuera del ámbito familiar, ya que están acostumbrados a que sus padres cedan habitualmente a sus exigencias. Esta baja tolerancia a la frustración puede ocasionarles problemas a nivel social, escolar o incluso en su vida profesional futura.

  • No cumplir los castigos

Es frecuente que los padres, en un momento de tensión, amenacen o impongan castigos poco realistas o imposibles de cumplir. Cuando llegado el momento no son capaces de llevarlos a cabo, los padres pierden autoridad  ante sus hijos y estos se dan cuenta de que pueden saltarse las normas porque no habrá consecuencias. Es preferible aplicar castigos más realistas e inmediatos, aunque su duración sea menor, que amenazar con algo que no se pueda llevar a cabo durante mucho tiempo. 

  • Defender a los hijos cuando tienen un mal comportamiento

Una práctica muy habitual hoy en día es que los padres defiendan a sus hijos cuando estos son irrespetuosos con profesores o compañeros. Los padres deben ser los referentes de sus hijos, y si las figuras de autoridad defienden un mal comportamiento, los niños entienden que tienen vía libre para seguir comportándose así, lo que una vez más puede acarrear consecuencias a nivel social como aislamiento, falta de habilidades sociales, baja autoestima, etc.

Qué podemos hacer para mejorar la situación

Para evitar conductas problemáticas en los hijos, es fundamental imponer normas y límites adaptados a cada edad, explicar las consecuencias que habrá si no se cumplen y ser firmes a la hora de aplicarlas cuando sea necesario. Del mismo modo, es igual de importante reforzar las conductas positivas, especialmente con gestos de cariño o palabras amables y de reconocimiento, así como pequeños detalles o premios cuando sea conveniente.

Relaciones tóxicas

RELACIONES TÓXICAS

Todas las relaciones, ya sean de pareja, familiares o de amistad, tienen altibajos y es frecuente que haya momentos de tensión que nos hagan pasar un mal rato. El trabajo, los estudios, los hijos o el ritmo de vida actual pueden causarnos estrés y enfriar las relaciones con las personas de nuestro entorno, pero hay que saber diferenciar entre discusiones normales y relaciones tóxicas. Una relación, del tipo que sea, debe estar basada en el respeto y hacernos sentir cómodos, aunque en ocasiones haya desencuentros o discrepancia de opiniones.

¿Qué es una relación tóxica?

Una relación tóxica es aquella que va minando nuestra autoestima poco a poco, en la que de alguna forma nos sentimos “atrapados” e incómodos con la otra persona. Es una relación que no nos permite crecer ni avanzar, sino estancarnos en una espiral de tensión, angustia, rabia e incluso miedo.

¿Cómo identificar una relación tóxica?

Algunos de los rasgos más característicos que deben ser tenidos en cuenta son los siguientes:

  • Exceso de control

Revisión de whatsapp, cuentas de restaurantes, preguntar de forma constante dónde estás y con quién, decirte lo que debes hacer o con quien relacionarte… Una relación, del tipo que sea, en la que una de las dos personas no se sienta libre para tomar sus propias decisiones es una relación tóxica.

  • Juicios de valor

Que la otra persona opine de forma constante sobre todos los aspectos de tu vida, de forma negativa, sin dejar margen a tus propias opiniones. “Si no haces eso es que eres un idiota, vaya tonta que fuiste, yo lo hubiera hecho mucho mejor, cómo se te ocurre decir eso, lo que tienes que hacer es…”

  • Visión negativa

Numerosos comentarios negativos, destacando siempre lo malo de cualquier situación o persona, visión pesimista de la vida desterrando todo lo positivo… En definitiva, relaciones donde los demás nos roban la energía y no nos dejan disfrutar de todo lo bueno que tenemos a nuestro alrededor.

  • Manipulación y chantaje emocional

Son relaciones donde una de las personas asume un papel de víctima, tratando de inspirar pena y hacer responsable a la otra persona de su vida, que a menudo se siente culpable, para así conseguir lo que quiere. Esto acaba provocando elevados niveles de frustración e impotencia motivados por ceder constantemente.

  • Dependencia emocional

Una relación es tóxica cuando una de las dos personas involucradas en ella se siente total y absolutamente dependiente de la otra, especialmente a nivel emocional. La persona puede experimentar ansiedad, angustia o aislamiento en ausencia de la otra y su felicidad y equilibrio mental depende de la presencia y aprobación de la misma.

¿Cómo se puede gestionar una relación tóxica?

Cuando sepas darte cuenta de que esa relación te está haciendo daño trata primero de diseñar un plan:

-Ventajas e inconvenientes de mantenerla

-Si hay ventajas, tienes que ser consciente de que tú te mereces otro trato, otra forma de relacionarte, sin miedo y sin vergüenza. Trata de vencer tu miedo, y habla con la otra persona defendiendo tu derecho a expresarte y vivir esa relación (amistad, fraternal, amorosa) de forma satisfactoria para ambos.

-Si priman los inconvenientes o tras intentarlo el otro no modifica su conducta es el momento de cortar esa relación.

No dudes en cortar relaciones que puedan hacerte daño. A veces no será tan fácil, quizás necesites una ayuda extra acudiendo a un profesional.