¿No para y está en las nubes? Puede tener TDAH

Hay determinados niños que literalmente no son capaces de estar quietos: en clase a menudo son regañados por hablar mucho con los compañeros, se caen de la silla, se balancean, se levantan varias veces, no dejan atender a los demás… Llevan muy mal las situaciones de espera o tienen una escasa tolerancia a la frustración. Además, pueden distraerse a menudo, “estar en las nubes”, olvidar el chándal del colegio, perder material escolar o juguetes, nunca apuntan las tareas en la agenda o son incapaces de concentrarse a la hora de hacer los deberes. En estos casos, podemos estar hablando de niños con Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).

Puede darse el caso de que un niño sea hiperactivo pero capaz de mantener la atención en tareas que requieran un esfuerzo considerado o por el contrario, no ser especialmente movido pero sí costarle mucho concentrarse en los estudios o prestar atención en clase.

Estos niños a menudo son etiquetados como vagos, pasotas, maleducados o desconsiderados, cuando la realidad es que en muchas ocasiones no pueden controlar sus impulsos, se olvidan de lo que les hemos pedido que hagan o no tienen un buen método de estudio adaptado a sus necesidades. Resulta fundamental entender que el circuito cerebral que controla la correcta capacidad de motivación sufre alteraciones en las personas con TDAH, por lo que a estos niños les requiere un esfuerzo mucho mayor sacar los cursos adelante, especialmente a partir de secundaria, a pesar de no tener dificultades intelectuales. De igual forma, el control de impulsos se ve igualmente afectado, es por ello que pueden hacer comentarios que están fuera de lugar, tener conflictos con los compañeros en clase o explosiones de ira, de las que siempre se arrepienten.

Nuestra psicóloga Isabel Menéndez nos habla sobre este tema y nos da algunos consejos para saber qué hacer en estos casos.

El semáforo: Una técnica de autocontrol

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Es muy común que los niños actúen por impulsos, mostrando dificultades para controlar los mismos sin reflexionar y sin comprender las posibles consecuencias de sus actos.

El semáforo es una técnica efectiva para autorregular en los niños estos comportamientos impulsivos, arranques de ira o agresión. Consiste en entrenar al niño para que cuando sienta que está por caer en estos comportamientos “actúe” como lo hace un semáforo

  • ROJO para DETENERSE, es decir, quedarse quieto tal y como lo hacen los vehículos en la carretera.
  • ÁMBAR para PENSAR lo que está sucediendo y detectar posibles SOLUCIONES.
  • VERDE para ACTUAR llevando a la práctica alguna de esas opciones.

Para que el niño comprenda bien esta técnica es recomendable estimularlo, creando un dibujo de un semáforo con unas instrucciones sencillas, esto le ayudará a recordar cómo funciona.

Como instrucciones podemos poner las siguientes frases:

  • Luz Roja: ALTO, tranquilízate y piensa antes de actuar.
  • Luz Ámbar: PIENSA soluciones o alternativas y sus consecuencias.
  • Luz Verde: ADELANTE y pon en práctica la mejor solución.

Éste es el semáforo que hizo una niña en una de las sesiones, como puedes ver aparecen algunas palabras clave para hacer más comprensible la técnica y algunos motivos decorativos que la propia niña eligió para hacer más personal su semáforo. 

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Si quieres enseñar a tu hijo a controlar sus impulsos o ataques de ira no dudes en poner en práctica esta técnica, te sorprenderá su utilidad y eficacia.