Juegos para enseñar a relajarse

reajacionVivimos en una sociedad que fomenta la prisa, los estímulos rápidos y la gratificación inmediata; aspectos que influyen en el desarrollo de problemas físicos y psicológicos. Por ello, es importante que tengamos estrategias que nos permitan relajarnos, sobre todo a los más pequeños.

En la clínica enseñamos a  los niños mediante juegos técnicas de relajación para que sean capaces de controlarse en situaciones de presión, tensión o nerviosismo.

Algunas de estos juegos para enseñar a relajarse son los siguientes:

¡A soplar la vela!

Este juego consiste en aprender a respirar de manera profunda, es decir, cogiendo aire por la nariz, inflando la barriga y expulsando poco a poco el aire mientras soplamos la vela con intención de apagarla. Una vez que están comprendidas las instrucciones, situamos al niño en una silla a unos dos metros de la vela, que se encontrará encendida encima de una mesa.

El niño no puede levantarse ni inclinarse, por lo que es esperable que no consiga apagarla. Así que realizaremos acercamientos progresivos a la vela hasta que lo consiga. El juego tendrá una duración de unos 5 minutos en los que el niño adquirirá la habilidad de respirar profundamente.

El juego del globo

La técnica del globo es un juego  que nos ayuda a fomentar la relajación a través de una correcta respiración. Para jugar necesitamos un espacio amplio y globos de colores. La tarea consiste en inflar un globo hasta que explote y por otra parte, inflar otro globo y dejar que expulse el aire lentamente manipulando la boquilla.

Una vez hecho esto, les pediremos a los niños que cierren sus ojos y se imaginen que se convierten en globos mientras toman aire y lo expulsan lentamente.

En este momento preguntaremos a los niños que nos cuenten situaciones en las que se sienten como globos, situaciones en las que no pueden soportar o tolerar algo. Entonces, les invitaremos a que nos indiquen cómo lo han resuelto, ofreciendo alternativas si necesitasen ayuda.

 

El juego de la semilla

Con música relajante de fondo y luz tenue, simbolizaremos el crecimiento de un árbol. Comenzaremos por ponernos de rodillas en el suelo con la cabeza agachada y los brazos extendidos hacia adelante, como si fuésemos gatitos desperezándose.

Y daríamos las siguientes instrucciones: “Somos una semilla que, al son de la música, va creciendo y convirtiéndose en un árbol grande con hermosas ramas, que serán nuestros brazos extendidos hacia arriba cuando estemos de pie”. Este ejercicio es ideal para hacerlo con ellos por la noche, antes de acostarlos.

El cuento de la tortuga

Es un magnífico cuento para fomentar habilidades de autocontrol. Se narra la historia de una pequeña tortuga que se enfadaba por todo y explotaba con gran facilidad.

Un día, tras sentirse sola y aislada, se encuentra con una sabia tortuga que le da un truquito para controlarse cuando se enfada: Meterse en su caparazón, contar hasta calmarse, frenar sus pensamientos y relajarse.

Este cuento es ideal para narrarlo a niños entre los 3 y los 7 años. Para favorecer la puesta en práctica de esta habilidad podemos darles una pegatina o un papelito con una tortuga cada vez que realicen el ejercicio en una situación de tensión. Lo tenemos descargable y listo para imprimir en este enlace.

El frasco de la calma

Llamamos frasco de la calma a un bote en el que metemos agua, silicona líquida para dar densidad al contenido y, por ejemplo, purpurina. Podemos fabricarlo con los niños como una manualidad más y es ideal para que lo contemplen tanto en momentos de tensión como en momentos relajados.

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El semáforo: Una técnica de autocontrol

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Es muy común que los niños actúen por impulsos, mostrando dificultades para controlar los mismos sin reflexionar y sin comprender las posibles consecuencias de sus actos.

El semáforo es una técnica efectiva para autorregular en los niños estos comportamientos impulsivos, arranques de ira o agresión. Consiste en entrenar al niño para que cuando sienta que está por caer en estos comportamientos “actúe” como lo hace un semáforo

  • ROJO para DETENERSE, es decir, quedarse quieto tal y como lo hacen los vehículos en la carretera.
  • ÁMBAR para PENSAR lo que está sucediendo y detectar posibles SOLUCIONES.
  • VERDE para ACTUAR llevando a la práctica alguna de esas opciones.

Para que el niño comprenda bien esta técnica es recomendable estimularlo, creando un dibujo de un semáforo con unas instrucciones sencillas, esto le ayudará a recordar cómo funciona.

Como instrucciones podemos poner las siguientes frases:

  • Luz Roja: ALTO, tranquilízate y piensa antes de actuar.
  • Luz Ámbar: PIENSA soluciones o alternativas y sus consecuencias.
  • Luz Verde: ADELANTE y pon en práctica la mejor solución.

Éste es el semáforo que hizo una niña en una de las sesiones, como puedes ver aparecen algunas palabras clave para hacer más comprensible la técnica y algunos motivos decorativos que la propia niña eligió para hacer más personal su semáforo. 

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Si quieres enseñar a tu hijo a controlar sus impulsos o ataques de ira no dudes en poner en práctica esta técnica, te sorprenderá su utilidad y eficacia. 

 

Qué hacer ante los enfados de los niños

nino-enfadadoSon muchas las ocasiones en las que los padres no sabemos cómo actuar con nuestros hijos. Una de ellas es aquella en la que los niños se enfadan y pierden en control. Por ello es importante seguir algunos consejos:

• Se debe de considerar que el enfado no está ni bien ni mal, que es solo una expresión de frustración cuando las expectativas no se cumplen. Así que debemos evitar decir: “No te enfades”, “No grites” y/o “No pegues”. Lo mejor es hacerle consciente de lo que está sintiendo. Para esto, debemos de enseñarle que el enfado es una emoción que podemos sentir, pero que cuando la sintamos tenemos que intentar relajarnos, distraernos haciendo otras cosas y, cuando nos hayamos calmado, hablar sobre lo que nos ha molestado.

No podemos dejarnos intimidar por las pataletas, berrinches o enfados de los niños. Si ellos sienten que intimidan, entonces habrán ganado la “batalla”. Un niño siente que intimida a sus padres o a la autoridad cuando éste cede ante sus caprichos o se siente enfadado también. Si los padres pierden el control, están enseñando justamente al niño a que los demás son responsables de lo que sienten.

Se debe evitar hablar cuando el niño esté enfadado, se le puede explicar que se hablará con él cuando esté más calmado. No se debe gritar al niño cuando él está enfadado, si acaso se le debe decir con calma y con voz tranquila lo que se piensa o considera. Si el niño se enfada más, entonces no se debe contestar más, hasta que esté más tranquilo.

• Hay que tener en cuenta que los niños que se enfadan muy a menudo, por lo general, carecen de límites claros. En estos casos, poner unas normas claras y reforzar y alabar al niño cuando las cumpla es lo adecuado.

Se debe cultivar la empatía con ellos. Una vez que se ha calmado se le puede hacer ver mediante preguntas las consecuencias de sus acciones, sin que se juzguen como malas o buenas. Por ejemplo, es bueno decirle: ¿Cómo crees que se siente mamá cuando le gritas así?”. Con esto, los niños se concientizan y aprenden de lo que hacen.

La comunicación siempre ayuda a los niños a sentirse más seguros. Es importante hablar de lo que a nosotros nos enfada y luego hacerle ver al niño la forma en la que lo solucionamos, jugando con preguntas y respuestas hasta encontrar una solución amigable y exitosa con los demás.

“La vida está llena de frustraciones que pueden generarnos enfados que tenemos que aprender a gestionar desde pequeños”