Padres permisivos, hijos tiranos

Hoy en día cada vez es más frecuente observar niños que no respetan las normas básicas de convivencia, ya sea dentro del ambiente familiar, escolar o en los espacios públicos. Rabietas incontrolables cuando no consiguen lo que quieren, faltas de respeto a profesores o agresiones a compañeros son algunas de las conductas ante las que se debe actuar rápido y con firmeza. La falta de autoridad de unos padres a menudo  confundidos por unas pautas educativas erróneas puede llegar a afectar seriamente el equilibrio emocional de los hijos, lo que repercutirá de forma negativa en la forma de relacionarse con los demás.

Los errores más habituales son los siguientes:

  • Negociar constantemente

Un error muy común se produce cuando los padres negocian prácticamente todas las normas con sus hijos, incluso con los más pequeños, tratando así de evitar conflictos o discusiones con ellos. Elaborar juntos todas las reglas o dialogar constantemente hace que los padres pierdan su posición de autoridad y que los hijos se acostumbren a decidir sobre todo y sobre cosas que no les corresponden, haciéndoles partícipes de una responsabilidad que no pueden ni deben asumir. Los niños necesitan normas que les ayuden a regular su conducta y es tarea de los padres decidir cuáles son las más adecuadas de acuerdo a la edad que tengan sus hijos.  

  • Ausencia de límites

Muchos padres no se ponen de acuerdo a la hora de establecer límites o no saben lo que es apropiado exigir, por lo que al final acaban delegando esta tarea en otros familiares o tratando de retrasarla lo máximo posible. A menudo es durante la adolescencia cuando surgen las situaciones más complicadas, al no ser ya capaces los padres de controlar a los hijos, y es entonces cuando tratan de imponer las normas básicas, siendo mucho más complicado conseguir que los adolescentes las acaten. De igual forma, la ausencia de límites y normas provoca que los niños se frustren con mucha facilidad cuando no consiguen lo que quieren, especialmente fuera del ámbito familiar, ya que están acostumbrados a que sus padres cedan habitualmente a sus exigencias. Esta baja tolerancia a la frustración puede ocasionarles problemas a nivel social, escolar o incluso en su vida profesional futura.

  • No cumplir los castigos

Es frecuente que los padres, en un momento de tensión, amenacen o impongan castigos poco realistas o imposibles de cumplir. Cuando llegado el momento no son capaces de llevarlos a cabo, los padres pierden autoridad  ante sus hijos y estos se dan cuenta de que pueden saltarse las normas porque no habrá consecuencias. Es preferible aplicar castigos más realistas e inmediatos, aunque su duración sea menor, que amenazar con algo que no se pueda llevar a cabo durante mucho tiempo. 

  • Defender a los hijos cuando tienen un mal comportamiento

Una práctica muy habitual hoy en día es que los padres defiendan a sus hijos cuando estos son irrespetuosos con profesores o compañeros. Los padres deben ser los referentes de sus hijos, y si las figuras de autoridad defienden un mal comportamiento, los niños entienden que tienen vía libre para seguir comportándose así, lo que una vez más puede acarrear consecuencias a nivel social como aislamiento, falta de habilidades sociales, baja autoestima, etc.

Qué podemos hacer para mejorar la situación

Para evitar conductas problemáticas en los hijos, es fundamental imponer normas y límites adaptados a cada edad, explicar las consecuencias que habrá si no se cumplen y ser firmes a la hora de aplicarlas cuando sea necesario. Del mismo modo, es igual de importante reforzar las conductas positivas, especialmente con gestos de cariño o palabras amables y de reconocimiento, así como pequeños detalles o premios cuando sea conveniente.

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Los Psico-Consejos de Isabel: Cómo castigar

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Cómo castigar de manera efectiva

  • Elija un castigo que realmente lo sea para su hijo, que reduzca la conducta no deseada o  disminuya la probabilidad de que se repita
  • Use el castigo con moderación, si lo usa muy a menudo el niño se habitúa y no es efectivo
  • Aplique el castigo en combinación con el refuerzo de conductas adecuadas.
  • No retrase el castigo, si lo va a castigar hágalo tan pronto como sea posible después de la mala conducta.
  • Explique siempre las consecuencias, el niño debe saber cuales son las conductas inadecuadas y lo que va a ocurrir si continúa perseverando.
  • Sea firme, el castigo debe darse siempre y en cada ocasión en que ocurra la conducta inadecuada.
  • No amenace en vano, no amenazar al niño con castigarle y luego no seguir adelante.
  • Dé una oportunidad para la buena conducta, para demostrar lo que ha aprendido.

 

 

Cómo mejorar la relación con nuestro hij@ adolescente

200217847-001En muchas ocasiones, los padres podemos sentir la sensación de que la relación con nuestro hijo adolescente es cada vez más conflictiva.

Es posible que nos sintamos desamparados e impotentes ante su forma de actuar con nosotros, sus reacciones ante las normas, sus cambios de humor, su pasotismo hacia los estudios u otras obligaciones…

No obstante, siempre podemos mejorar nuestra relación con él siguiendo los siguientes consejos, los cuales nos ayudarán a crear un ambiente familiar más tranquilo.

  • Escucha de manera empática. Tiene que ver con ponernos en el lugar de nuestro hijo, saber cómo se siente y qué piensa acerca de lo que nos cuenta, siendo pacientes y repitiendo sus palabras para confirmar que le hemos entendido.
  • Escucha con atención e interés. No debemos interrumpir a nuestro hijo cuando nos está confiando algo asumiendo que sabemos lo que nos va a decir. Debemos de escucharlo disponiendo de un momento para él en el que le miremos, asintamos, sonriamos; demostrándole que realmente lo que nos cuenta nos importa.
  • Realiza preguntas. Cuando nuestro hijo confía en nosotros y nos cuenta cómo le ha ido el día o lo que le preocupa tenemos que realizar preguntas al respecto y no interpretar o juzgar aquello que nos cuenta bajo nuestro punto de vista. Le daremos nuestra opinión cuando él nos la pida, pero nunca nos anticiparemos a valorar.
  • Habla de forma positiva. Si te ha gustado su comportamiento o forma de actuar en una situación, díselo, eso le permitirá saber qué ha estado bien y que sus padres valoran y apoyan su buen hacer.
  • Respeta y cumple tus promesas. Todo lo que le digas, cúmplelo. Enséñale que eres una persona en la que puede confiar.
  • Dale mensajes consistentes. A veces, los padres damos a nuestros hijos mensajes contradictorios, los cuales hacen que tengan dudas acerca de lo que queremos de ellos.
  • Se claro a la hora de pedirle algo. Dile qué te gustaría que hiciera, cuándo y cómo. Así te asegurarás de que haya entendido qué es lo que esperas de él.
  • Predica con el ejemplo. Si queremos que nuestro hijo se comporte de una determinada manera (sea educado y respetuoso con los demás, no fume, me escuche, hable en un tono adecuado…)  tenemos que comportarnos nosotros de esa forma, es decir, ser un modelo de buena conducta para ellos.
  • Negocia las normas. Con un adolescentes es más efectivo negociar que imponer una norma. Cuando vayáis a tomar una decisión importante sobre él, preguntadle su opinión, así sabrá que le tenéis en cuenta y que os importa cómo piensa al respecto.
  • Comparte actividades que le gusten. Disfrutar de un tiempo en el que la familia esté compartiendo actividades que a todos los miembros le gustan es muy importante para crear vínculo y un buen clima familiar.
  • Expresa y comparte tus sentimientos con él. Eso le hará saber que es importante para vosotros, mejorará vuestra relación y le enseñará a hacer lo mismo en las situaciones en las que él lo necesite.

“Puede que nuestros hijos adolescentes no presten atención a nuestras enseñanzas, pero aprenden tanto como los futuros adultos que serán.”