Los Psico-Consejos de Isabel: Cómo castigar

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Cómo castigar de manera efectiva

  • Elija un castigo que realmente lo sea para su hijo, que reduzca la conducta no deseada o  disminuya la probabilidad de que se repita
  • Use el castigo con moderación, si lo usa muy a menudo el niño se habitúa y no es efectivo
  • Aplique el castigo en combinación con el refuerzo de conductas adecuadas.
  • No retrase el castigo, si lo va a castigar hágalo tan pronto como sea posible después de la mala conducta.
  • Explique siempre las consecuencias, el niño debe saber cuales son las conductas inadecuadas y lo que va a ocurrir si continúa perseverando.
  • Sea firme, el castigo debe darse siempre y en cada ocasión en que ocurra la conducta inadecuada.
  • No amenace en vano, no amenazar al niño con castigarle y luego no seguir adelante.
  • Dé una oportunidad para la buena conducta, para demostrar lo que ha aprendido.

 

 

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Hablar de sexo con nuestros hijos

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Hoy nuestra psicóloga Isabel Menéndez Benavente nos habla de “Cuándo y Cómo hablar de sexo con nuestros hijos”. ¿A qué edad hacerlo? ¿Cómo tratar el tema? ¿Qué contarles? 

Para visualizar el vídeo, pincha en el siguiente enlace: Ver vídeo

Un juego de inteligencia: “Activa tu mente”

Os presento un juego de inteligencia para entrenar, tanto en niños como en adolescentes, diferentes funciones cognitivas como la percepción, el cálculo, el razonamiento, el espacio, la memoria y el lenguaje.

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Para cada una de estas áreas cognitivas, el programa nos da la posibilidad de escoger entre tres tipos de juegos dependiendo del grado de dificultad (bajo, medio y alto). Una vez terminado el juego, los resultados se muestran en una barrita que se va rellenando a medida que la puntuación alcanzada sea mayor. Los puntos van de 0 a 1.000 y se acompañan del nivel de desempeño logrado (insuficiente, escaso, suficiente, bueno y óptimo); haciendo que los jugadores se motiven en mejorar sus resultados.

Os recomiendo que probéis el juego en el siguiente enlace y me comentéis que os ha parecido: Activa tu mente

 

Cómo enseñar a resolver conflictos

conflictosEs habitual que los niños tengan problemas o dificultades con sus compañeros de clase o amigos en algún momento puesto que pasan mucho tiempo con ellos y aún no han desarrollado habilidades para gestionar sus diferencias de forma adecuada.

Lo habitual es que el conflicto produzca sentimientos negativos como incomodidad, mal humor, impotencia o nerviosismo provocando, en algunos casos, enfrentamientos, situaciones de discrepancia y tensión.

Por ello, tendemos a evitar conflictos, aunque  éstos pueden ser  una oportunidad  para aprender habilidades sociales y competencias de negociación, empatía, respeto, escucha y toma de decisiones. Por este motivo, es importante aprovechar los conflictos que surjan para enseñar a nuestros hijos.

¿Cómo podemos ayudar a los niños a resolver conflictos?

  • Haz de modelo. Los más pequeños imitan nuestra forma de actuar así que si queremos que resuelvan sus problemas de forma respetuosa, nosotros debemos hacer lo mismo.

  • Favorece la comunicación en el niño. Tu hijo ha de saber exponer su punto de vista y resolver las situaciones que no le gustan. Por ello, Anímale a  que se exprese y comunique lo que no le gusta.

  • Simula situaciones en casa. Puedes utilizar conflictos reales que tenga el niño o inventarlos y úsarlos como una oportunidad para enseñarle cómo actuar.

  • Utiliza los conflictos que surjan en el hogar. En lugar de reñirle, explícale lo que puede hacer la próxima vez.

  • Da diferentes opciones. Ofrece diferentes alternativas para resolver un problema, cada una con sus ventajas y desvantajas, y permite que el niño decida cuál quiere llevar a cabo.

Sigue estos pasos para resolver problemas:

    1. Identifica el problema: ¿Qué ha ocurrido?  y ¿Qué personas están implicadas?

    2. Expresa cómo te sientes. Utiliza los mensajes yo en vez de mensajes tú, es decir evita decir “tú has hecho esto mal” y cámbialo por “yo me he sentido mal”.

    3. Expresa las necesidades de ambas partes.

    4. Crea con ellos una lluvia de ideas. Puedes preguntarles ¿Qué podemos hacer? y proponer entre todos diferentes opciones.

    5. Piensa y razona con ellos, las ventajas e inconvenientes de cada opción.

    6. Elige entre todos la opción que parece mejor. No se trata de que nadie gane, sino en llegar a un consenso y un acuerdo.

    7. Lleva a cabo la solución escogida y valora lo ocurrido.

    8. Si no os gustan los resultados siempre podéis escoger otra opción.

Juegos para enseñar a relajarse

reajacionVivimos en una sociedad que fomenta la prisa, los estímulos rápidos y la gratificación inmediata; aspectos que influyen en el desarrollo de problemas físicos y psicológicos. Por ello, es importante que tengamos estrategias que nos permitan relajarnos, sobre todo a los más pequeños.

En la clínica enseñamos a  los niños mediante juegos técnicas de relajación para que sean capaces de controlarse en situaciones de presión, tensión o nerviosismo.

Algunas de estos juegos para enseñar a relajarse son los siguientes:

¡A soplar la vela!

Este juego consiste en aprender a respirar de manera profunda, es decir, cogiendo aire por la nariz, inflando la barriga y expulsando poco a poco el aire mientras soplamos la vela con intención de apagarla. Una vez que están comprendidas las instrucciones, situamos al niño en una silla a unos dos metros de la vela, que se encontrará encendida encima de una mesa.

El niño no puede levantarse ni inclinarse, por lo que es esperable que no consiga apagarla. Así que realizaremos acercamientos progresivos a la vela hasta que lo consiga. El juego tendrá una duración de unos 5 minutos en los que el niño adquirirá la habilidad de respirar profundamente.

El juego del globo

La técnica del globo es un juego  que nos ayuda a fomentar la relajación a través de una correcta respiración. Para jugar necesitamos un espacio amplio y globos de colores. La tarea consiste en inflar un globo hasta que explote y por otra parte, inflar otro globo y dejar que expulse el aire lentamente manipulando la boquilla.

Una vez hecho esto, les pediremos a los niños que cierren sus ojos y se imaginen que se convierten en globos mientras toman aire y lo expulsan lentamente.

En este momento preguntaremos a los niños que nos cuenten situaciones en las que se sienten como globos, situaciones en las que no pueden soportar o tolerar algo. Entonces, les invitaremos a que nos indiquen cómo lo han resuelto, ofreciendo alternativas si necesitasen ayuda.

 

El juego de la semilla

Con música relajante de fondo y luz tenue, simbolizaremos el crecimiento de un árbol. Comenzaremos por ponernos de rodillas en el suelo con la cabeza agachada y los brazos extendidos hacia adelante, como si fuésemos gatitos desperezándose.

Y daríamos las siguientes instrucciones: “Somos una semilla que, al son de la música, va creciendo y convirtiéndose en un árbol grande con hermosas ramas, que serán nuestros brazos extendidos hacia arriba cuando estemos de pie”. Este ejercicio es ideal para hacerlo con ellos por la noche, antes de acostarlos.

El cuento de la tortuga

Es un magnífico cuento para fomentar habilidades de autocontrol. Se narra la historia de una pequeña tortuga que se enfadaba por todo y explotaba con gran facilidad.

Un día, tras sentirse sola y aislada, se encuentra con una sabia tortuga que le da un truquito para controlarse cuando se enfada: Meterse en su caparazón, contar hasta calmarse, frenar sus pensamientos y relajarse.

Este cuento es ideal para narrarlo a niños entre los 3 y los 7 años. Para favorecer la puesta en práctica de esta habilidad podemos darles una pegatina o un papelito con una tortuga cada vez que realicen el ejercicio en una situación de tensión. Lo tenemos descargable y listo para imprimir en este enlace.

El frasco de la calma

Llamamos frasco de la calma a un bote en el que metemos agua, silicona líquida para dar densidad al contenido y, por ejemplo, purpurina. Podemos fabricarlo con los niños como una manualidad más y es ideal para que lo contemplen tanto en momentos de tensión como en momentos relajados.

Mi hijo se preocupa en exceso

ninopreocupadoAl igual que los adultos, los niños sienten una gran variedad de emociones sobre lo que les sucede, así cuando el mundo que les rodea parece incierto o peligroso, sienten miedo o preocupación.

La mayoría de los niños, aprenden a manejar los problemas diarios de forma adecuada y con seguridad; sin embargo, otros tienden a preocuparse en exceso, lo que hace que se sientan nerviosos constantemente.

Si mi hijo tiende a preocuparse en exceso, ¿Qué puedo hacer?

  • Establece  la hora de las preocupaciones:

Determina el único momento del día en el que podemos hablar de todo lo que nos preocupa. Para ello, presentamos al niño esta estrategia como un juego, diciéndole lo siguiente:”Cielo, vamos a imaginar mentalmente una caja grande, de madera, con una cerradura y una gran llave que la abre y la cierra. ¿La puedes ver en tu cabeza?” Deja que tu hijo añada algún detalle más a su caja (color, forma, …) así le gustará mucho más.

Una vez que haya imaginado la caja, le diremos: “Esa es la caja de las preocupaciones, cada vez que te venga a la cabeza algo que te preocupe, cerrarás los ojos, abrirás con llave la caja y meterás dentro el problema. Después cerrarás la caja con la llave. Hasta que no llegue la hora de las preocupaciones no podremos abrir la caja”

Así cada vez que nuestro hijo se preocupe por diferentes motivos (la profesora le va a preguntar la lección, un compañero se ríe de él, no ha hecho bien una tarea…) en lugar de decirle “No te preocupes cielo, todo va a salir bien”, le diremos que cierre los ojos y  meta mentalmente esas preocupaciones en la caja. Así, una vez que nuestro hijo abra los ojos, cambiaremos el tema de conversación como si nada hubiera pasado.

De esta forma aplazaremos ese momento en el que a raíz de una sola preocupación los niños son capaces de comenzar a sentirse muy agobiados y nerviosos. Además estar enseñándoles a autocontrolarse.

Cuando finalmente llegue la hora de las preocupaciones, os sentaréis en un lugar tranquilo para poder “abrir tranquilamente la caja”. Parece increíble pero, en la mayoría de las ocasiones, ¡nuestro hijo no recordará ni la mitad de ellas! Es el momento de hablar con él el tiempo que necesite sobre todo lo que ha sacado de la caja, hasta que ésta se quede vacía.

De esta manera sencilla enseñamos a nuestros hijos a aplazar sus preocupaciones a un momento tranquilo para ser habladas, pero ¿Por qué no crear también nuestra propia caja de preocupaciones?

Qué hacer ante los enfados de los niños

nino-enfadadoSon muchas las ocasiones en las que los padres no sabemos cómo actuar con nuestros hijos. Una de ellas es aquella en la que los niños se enfadan y pierden en control. Por ello es importante seguir algunos consejos:

• Se debe de considerar que el enfado no está ni bien ni mal, que es solo una expresión de frustración cuando las expectativas no se cumplen. Así que debemos evitar decir: “No te enfades”, “No grites” y/o “No pegues”. Lo mejor es hacerle consciente de lo que está sintiendo. Para esto, debemos de enseñarle que el enfado es una emoción que podemos sentir, pero que cuando la sintamos tenemos que intentar relajarnos, distraernos haciendo otras cosas y, cuando nos hayamos calmado, hablar sobre lo que nos ha molestado.

No podemos dejarnos intimidar por las pataletas, berrinches o enfados de los niños. Si ellos sienten que intimidan, entonces habrán ganado la “batalla”. Un niño siente que intimida a sus padres o a la autoridad cuando éste cede ante sus caprichos o se siente enfadado también. Si los padres pierden el control, están enseñando justamente al niño a que los demás son responsables de lo que sienten.

Se debe evitar hablar cuando el niño esté enfadado, se le puede explicar que se hablará con él cuando esté más calmado. No se debe gritar al niño cuando él está enfadado, si acaso se le debe decir con calma y con voz tranquila lo que se piensa o considera. Si el niño se enfada más, entonces no se debe contestar más, hasta que esté más tranquilo.

• Hay que tener en cuenta que los niños que se enfadan muy a menudo, por lo general, carecen de límites claros. En estos casos, poner unas normas claras y reforzar y alabar al niño cuando las cumpla es lo adecuado.

Se debe cultivar la empatía con ellos. Una vez que se ha calmado se le puede hacer ver mediante preguntas las consecuencias de sus acciones, sin que se juzguen como malas o buenas. Por ejemplo, es bueno decirle: ¿Cómo crees que se siente mamá cuando le gritas así?”. Con esto, los niños se concientizan y aprenden de lo que hacen.

La comunicación siempre ayuda a los niños a sentirse más seguros. Es importante hablar de lo que a nosotros nos enfada y luego hacerle ver al niño la forma en la que lo solucionamos, jugando con preguntas y respuestas hasta encontrar una solución amigable y exitosa con los demás.

“La vida está llena de frustraciones que pueden generarnos enfados que tenemos que aprender a gestionar desde pequeños”