Trastornos de conducta en niños y adolescentes

Los trastornos de conducta en niños y adolescentes pueden interferir gravemente en sus vidas y afectar a sus relaciones sociales y familiares. Detectarlos lo antes posible resulta fundamental para no agravar la sintomatología y prevenir otros trastornos asociados. Nuestra psicóloga Isabel Menéndez nos explica en qué consisten y las señales que nos deben alertar de la presencia de estas alteraciones.

Las causas de estos trastornos pueden ser genéticas, esto es, la disposición o el temperamento natural de un niño y las posibles diferencias neurobiológicas en la forma que funciona el cerebro, o del entorno, con unas pautas de crianza inadecuadas, bien por ausencia de límites o exceso de los mismos.

En lo referido a las pautas educativas es muy importante establecer una serie de límites adaptados a la etapa evolutiva en la que se encuentra cada niño e imponer unas consecuencias proporcionadas cada vez que se los salten. Para que un castigo sea efectivo debe seguir los siguientes puntos:

  • Los niños diagnosticados con problemas de conducta normalmente también son impulsivos y no son capaces de ver las consecuencias de sus actos. Es por ello que se debe avisar previamente de los castigos asociados a cada conducta que queramos modificar, para que poco a poco puedan ir modulando su conducta.
  • Una vez que estos niños hayan hecho algo que no debían, la consecuencia debe aplicarse de forma inmediata. Es habitual que los padres tiendan a dejar los castigos para más tarde, y castiguen con no jugar a la consola el fin de semana si el niño se ha portado mal el miércoles. Esto es un error y es habitual que muchos niños, llegado el fin de semana, no recuerden por qué están castigados o que por otra parte, no encuentren motivación para portarse bien el resto de la semana si saben que hagan lo que hagan el fin de semana no podrán jugar. Es mucho más efectivo castigar lo antes posible, ya que el niño será plenamente consciente de su error y de sus consecuencias.
  • No añadir comentarios: lo que habitualmente entendemos por “entrar al trapo”, discutir con el niño o utilizar frases como “si es que esto se veía venir” o “ya estás como siempre…”. Los niños, especialmente los más pequeños, no tienen la capacidad de razonar con los adultos ni entienden muchas veces lo que estos les dicen, por lo que resulta más efectivo aplicar la consecuencia directamente sin dar demasiadas explicaciones.
  • Importantísimo que los padres sean coherentes e impongan los mismos castigos, y en caso de no estar de acuerdo, dialoguen entre ellos sin estar los hijos presentes. Si un niño sabe que uno de los progenitores es más “blando”, se aprovechará de ello y esto provocará discusiones y tensión entre la pareja, por lo que es básico instaurar una serie de normas que ambos progenitores acepten y bajo ningún concepto desautorizarse el uno al otro.

Qué hacer si nuestro hijo no quiere ir al colegio

Tras las primeras semanas del curso es importante tratar un tema que a menudo angustia a los padres y hace sufrir al niño: no quiere ir al cole. En ocasiones los niños afirman tener dolores de barriga, de cabeza, vomitan o tienen rabietas incontrolables cuando se acerca la hora o el día de acudir al centro escolar. Todas ellas son señales de alarma que deben ser tenidas en cuenta. Nuestra psicóloga Isabel Menéndez nos da unos cuantos consejos para poder solucionar este problema en el siguiente vídeo.

Si tras poner en práctica estas pautas la sintomatología persiste en el tiempo, el niño puede llegar a desarrollar una fobia escolar, por lo que no debemos dudar en buscar ayuda profesional lo antes posible.

Qué hacer ante los enfados de los niños

nino-enfadadoSon muchas las ocasiones en las que los padres no sabemos cómo actuar con nuestros hijos. Una de ellas es aquella en la que los niños se enfadan y pierden en control. Por ello es importante seguir algunos consejos:

• Se debe de considerar que el enfado no está ni bien ni mal, que es solo una expresión de frustración cuando las expectativas no se cumplen. Así que debemos evitar decir: “No te enfades”, “No grites” y/o “No pegues”. Lo mejor es hacerle consciente de lo que está sintiendo. Para esto, debemos de enseñarle que el enfado es una emoción que podemos sentir, pero que cuando la sintamos tenemos que intentar relajarnos, distraernos haciendo otras cosas y, cuando nos hayamos calmado, hablar sobre lo que nos ha molestado.

No podemos dejarnos intimidar por las pataletas, berrinches o enfados de los niños. Si ellos sienten que intimidan, entonces habrán ganado la “batalla”. Un niño siente que intimida a sus padres o a la autoridad cuando éste cede ante sus caprichos o se siente enfadado también. Si los padres pierden el control, están enseñando justamente al niño a que los demás son responsables de lo que sienten.

Se debe evitar hablar cuando el niño esté enfadado, se le puede explicar que se hablará con él cuando esté más calmado. No se debe gritar al niño cuando él está enfadado, si acaso se le debe decir con calma y con voz tranquila lo que se piensa o considera. Si el niño se enfada más, entonces no se debe contestar más, hasta que esté más tranquilo.

• Hay que tener en cuenta que los niños que se enfadan muy a menudo, por lo general, carecen de límites claros. En estos casos, poner unas normas claras y reforzar y alabar al niño cuando las cumpla es lo adecuado.

Se debe cultivar la empatía con ellos. Una vez que se ha calmado se le puede hacer ver mediante preguntas las consecuencias de sus acciones, sin que se juzguen como malas o buenas. Por ejemplo, es bueno decirle: ¿Cómo crees que se siente mamá cuando le gritas así?”. Con esto, los niños se concientizan y aprenden de lo que hacen.

La comunicación siempre ayuda a los niños a sentirse más seguros. Es importante hablar de lo que a nosotros nos enfada y luego hacerle ver al niño la forma en la que lo solucionamos, jugando con preguntas y respuestas hasta encontrar una solución amigable y exitosa con los demás.

“La vida está llena de frustraciones que pueden generarnos enfados que tenemos que aprender a gestionar desde pequeños”

¡Le doy todo lo que me pide y parece no tener suficiente!

niños caprichososQuizás a muchos padres nos suene la frase: “¡No lo entiendo, le doy todo lo que me pide y aún así parece no tener suficiente!” Con estas palabras manifestamos que nuestros hijos parecen tener una incapacidad para disfrutar de sus juguetes, videojuegos, ropa, etcétera, una vez que éstos han sido adquiridos.

Si nuestros hijos son incapaces de reprimir sus deseos y exigen la satisfacción de éstos constantemente es porque nosotros como padres hemos actuado de forma permisiva, es decir, hemos concedido la mayor parte de sus deseos en el pasado, sin haber establecido unas normas o límites. 

Es importante tener en cuanta que cuando nuestros hijos son pequeños, sus deseos tienen un carácter más impulsivo pero a medida que van creciendo, sus caprichos responden más a un aprendizaje previo de que cualquier cosa que pida le será concedida porque así ha sucedido en la mayoría de las ocasiones.

Llegado a este punto, ¿Qué comportamientos nos indican que nuestro hijo es un niño caprichoso? 

  • Recurre a berrinches, rabietas, palabras mal sonantes con el objetivo de llamar la atención para conseguir lo que desea, si se le ha negado.
  • No es capaz de apreciar y satisfacer los deseos y necesidades de los demás y casi todo gira en torno a sus caprichos y antojos de cada momento.
  • En general, es un niño infeliz e insatisfecho que solo muestra una actitud tranquila en el momento en que sus deseos son satisfechos y que enseguida se cansa y vuelve a reclamar un nuevo deseo.
  • No valora las cosas, de modo que con frecuencia es descuidado con ellas porque sabe que puede conseguir más con facilidad.
  • Consigue todo lo que quiere con muy poco o ningún esfuerzo, por ese motivo es incapaz de apreciar el valor del trabajo, de la disciplina y de los buenos comportamientos.

¿Qué hago si mi hijo se comporta de esta manera?

  • Enséñale a ser consecuente con sus elecciones. Tu hijo tiene que entender la diferencia entre un capricho y una necesidad. Si se cede ante un juguete, hay que evitar que el niño lo sustituya por otro en cuanto se aburra. Así, la próxima vez pensará más las cosas antes de pedirlas.
  • Pon normas y límites. Éstas ayudarán a tu hijo a saber lo que debe y lo que no debe hacer. Para evitar los caprichos diarios, se han de instaurar determinadas rutinas como comprar chucherías solo los domingos o regalar un juguete en una ocasión especial.
  • Propón una alternativa más adecuada. Con niños pequeños, la solución más rápida y efectiva es buscar una alternativa que no responda a sus antojos pero que sea atractiva para distraerle y hacerle olvidar lo que desea.
  • Aúna pautas con tu pareja. Ambos progenitores tenéis que llegar a un acuerdo sobre cuándo vuestro hijo va a poder tener lo que desea. Si uno de vosotros siempre se muestra más permisivo que el otro, es probable que el niño termine por acudir siempre a él ante una negativa de un capricho que, al final, se le concederá.
  • Haz que tu hijo comprenda que sus deseos se conceden en situaciones especiales. Es habitual que determinados familiares o amigos cedan más a sus caprichos, puesto que su labor no es la de educar. No hay que prohibirles esa actitud, pero sí es necesario hacer entender al niño que éstas son situaciones excepcionales.
  • Trabaja las recompensas. Cuando tu hijo quiera algo, le puedes imponer la realización de una tarea concreta para poder conseguirlo. De esta forma, aprenderá a apreciar el valor del esfuerzo por obtener las cosas.

Ten en cuenta que,la mayoría de las veces, los caprichos son solo una forma de reclamar mayor atención de los padres cuando esta atención no se consigue comportándose adecuadamente. 

Así, la mejor alternativa a sus caprichos es pasar más tiempo con tu hijo, compartir actividades de ocio y manifestar mediante besos y abrazos cuánto lo quieres. 

¡Dale afecto y necesitará menos cosas para ser feliz!